VIGO

“El accidente marcó mi vida, pero sigo luchando por ser feliz”

Estela Costa sobrevivió a un conductor que mató a su madre y su amiga el día de su Comunión. Ahora trata de ayudar a otras víctimas con su historia plasmada en un libro

La joven viguesa plasma en “Alma de Infancia” su experiencia trágica.
La joven viguesa plasma en “Alma de Infancia” su experiencia trágica.
“El accidente marcó mi vida, pero sigo luchando por ser feliz”

 La madrugada del 2 de junio de 2002, Estela Costa volvía a casa después de haber celebrado el día de su Comunión junto a sus familiares y dos amigas. Las niñas viajaban en el coche que conducía su madre. A la altura de Castrelos, fue embestido  por otro que circulaba a 133 kilómetro por hora. A consecuencia del impacto, la madre, de 43 años, y la mejor amiga de Estela, de 9, fallecieron, mientras que ella y la otra niña resultaron heridas de gravedad. El conductor, de 21 años y con el permiso retirado, fue juzgado y condenado a un año y nueve meses de prisión, después de reconocer en el juicio que aquel día “iba como loco”.
    A sus 25 años, Estela sigue arrastrando las secuelas de aquel trágico suceso. “Era un día que se supone que todo el mundo recuerda con felicidad, pero en mi caso no es así”, afirma. Tras haber pasado semanas en coma y perder un 33% de capacidad de memoria, asegura que “siento que no se ha hecho justicia” y admite que “me he sentido muy sola porque mi relación con los demás cambió por completo”. 
Incapaz de recordar inicialmente lo que ocurrió ni siquiera a su familia, poco a poco fue recuperando trocitos de memoria que fue plasmando en un papel. “Cuando me quise dar cuenta había escrito un libro”, relata. “Alma de Infancia” es, según explica, “esa historia novelada a través de mi yo adulto, del futuro”. 
Esta joven no lo ha tenido fácil. “Lo último que recuerdo es algo de la fiesta y volver a casa y luego, despertarme en el hospital. Cuando estaba en coma vi dos puertas, una en la que estaban mi madre y mi amiga y otra mi padre, hacia la que me dirigí. Fue angustioso. Después me desperté y fue mi padre quien me dijo lo que había pasado”. Confiesa que a pesar de todas las dificultades, en el colegio, con los amigos, ha conseguido superar  las barreras académicas con un ciclo para educación infantil. “Quería ser veterinaria pero por culpa de las secuelas no pude. Ahora quiero trabajar con niños que es lo que me gusta y ayudar si puedo a personas que estén en mi misma situación, porque hay que perseguir los sueños y luchar por conseguir ser feliz”.