EUROCOPA DE FÚTBOL SALA

El niño que odiaba perder

Pola forjó su juego y su carácter en el Campo Rojo de Coia, el A Salgueira y el Redondela

Formación del Salgueira (Gráficas Ibernon), con Pola el tercero por la derecha arriba, al lado de Javi Merino.
Formación del Salgueira (Gráficas Ibernon), con Pola el tercero por la derecha arriba, al lado de Javi Merino.
El niño que odiaba perder

Adrián Alonso (Vigo, 26 de junio de 1988) es conocido por Pola porque, cuentan, cuando de niño jugaba en Coia al fútbol sala coincidía en el equipo con otro Adrián. Pero él era rubio y le pusieron como mote diferenciador 'Polaco'. Con el tiempo, perdería la última sílaba mientras ganaba en multitud de aspectos más que lo han llevado a ser parte fundamental de un equipo de la potencia del Inter y de la selección española, de la que está siendo el jugador estrella en la presente Eurocopa de Eslovenia al haber sido el único goleador en las dos últimas y decisivas victorias ante Azerbaiyán (0-1) y Ucrania (0-1).
De Pola se hablaban maravillas desde que como alevín y benjamín se metía a jugar en el popular Campo Rojo del barrio vigués de Coia con chavales de mucha mayor edad. Por entonces, la Asociación de Vecinos de Coia era el hábitat de un niño que, sobre todo, resaltaba por su condición de goleador y por ser un enorme regateador. Es decir, que se divertía minando la portería rival más que protegiendo la propia, aunque su ansia competitiva lo convertía también en un magnífico ladrón de balones cuando se decidía a hacer la presión.
Cuando llegó a la edad juvenil, tocó cambiar de equipo y entró dentro del proyecto de un nuevo club de A Salgueira, que recogía jóvenes jugadores de Coia, Fonte do Galo, Labor y Lope de Vega. Un equipo con el que se proclamó con 15 años campeón gallego y en el que llegó a coincidir con el ahora futbolista profesional Jonathan Pereira. Allí fue donde se encontró con Javi Merino, ahora técnico del Redondela y por entonces parte de ese nuevo equipo en el que por fin pudo trabajar con un incipiente Pola al que seguía en la distancia desde su tarea de formación en el colegio Labor.
De primera mano, conoció entonces a un niño "que destacaba mucho. Con mucho gol. Marcaba con lo que fuese: el pie, el pecho, la cabeza... Por entonces era mucho más de uno contra uno. Y tenía un carácter enormemente competitivo, bastante complicado. Tenía muy mal perder y a veces le sobraban algunos gestos. Recuerdo un partido siendo juvenil en el que no paró de protestar desde el primer minuto y acabó expulsado. Al descanso tocó la consiguiente bronca  por dejar al equipo en inferioridad siendo el jugador de más calidad. Y estampó la botella de champú contra la pared del vestuario". Son historias que hablan de un empeño ganador porque "odia perder".
El caminar de Pola por el fútbol sala prosiguió con el paso a la Liga Nacional juvenil en las filas del Redondela, que a su vez bebió del A Salgueira y del Afán Vigo . Como parte de una generación brillante –con Mario, Esteban, Cuca...–, empezó a medirse con las mejores canteras de un fútbol sala gallego por entonces en plena efervescencia. Y en verano de 2005, con 17 años recién cumplidos, tocó decantarse por una.
Recuerda Javi Merino aquellos días que marcarían a Pola para el resto de su vida, tanto en lo profesional como en lo personal. "Estuvimos en conversaciones con el Azkar para ver si se lo llevaban", rememora. Pero por entonces se acababan de hacer con el ferrolano Adrián Martínez Vara, también internacional y reciente fichaje del O Parrulo tras una larga carrera en España (El Pozo) y la Superliga rusa. Y apareció la opción del Santiago Futsal: "Era el día de la presentación de Betao. Hablamos con José Venancio –el actual seleccionador y por entonces entrenador en Santiago– y con el resto de responsables del club y enseguida dijeron que sí. De aquella, el Santiago tenía muy bien montado el trabajo de cantera, con casas para los jóvenes, facilidades en los estudios...". Hecho. Pero, mientras tanto la vida daría un duro golpe a Pola con la muerte de su padre. Con todo, aceptó el reto de salir de casa. Estuvo un año entre el juvenil y el filial, pero ya de la mano de José Venancio en los entrenamientos. "Allí me hicieron un defensor", recuerda el mismo Pola. "En la primera línea de presión, es de los mejores del mundo", corrobora Merino. Un año cedido en el Clipeus Nazareno en Plata antes de incorporarse con todos los honores al primer equipo del Santiago en 2007. Tres temporadas después, el salto definitivo al Inter, donde continúa su magisterio.
Es la forja de un jugador corajudo, salido del Campo Rojo y que hoy puede meterse en su segunda final europa en su partido número 100 con la selección. Un niño goleador que aprendió a defender y que ahora selecciona sus goles, esos que permiten a España pelear por otro título.n