“Ser ‘vitrasera’ pasó de ser un orgullo a una pesadilla”

La exconductora absuelta de incendiar un autobús asegura que no es fácil asimilar lo que le ha pasado. “No sería capaz de hacer algo que pusiera en riesgo la vida de las personas”

Publicado: 04 ene 2026 - 06:00 Actualizado: 04 ene 2026 - 11:54

Patricia muestra la fotografía con la que comenzó hace 25 años a conducir un Vitrasa.
Patricia muestra la fotografía con la que comenzó hace 25 años a conducir un Vitrasa.

La noche del 30 de abril de 2023 la recuerda con miedo. Llegaba conduciendo el autobús a la parada de La Farola en Urzaiz cuando “escuché a una pasajera que gritaba ¡fuego!, entonces me di la vuelta y vi unas llamas que llegaban hasta el techo. Comprobé que no había nadie y solo pensé en salvar mi vida, soy madre, y creo que lo importante son las personas, el autobús es algo material. Aquello no se apagaba con un extintor”. Patricia, la exconductora del autobús urbano que quedó arrasado por las llamas, habla por primera vez de lo ocurrido tras haber quedado exonerada de responsabilidad penal por el Tribunal Superior de Xustiza, en una sentencia que revocó, por falta de pruebas, la condena impuesta por la Audiencia de 15 años de prisión.

En una entrevista concedida a Atlántico, asegura que lo que para ella había sido un orgullo, ‘ser vitrasera’, se convirtió en una pesadilla. Unas semanas después de los hechos, fue detenida junto a su pareja como presunta responsable. “En ningún momento pensé que me fueran a culpar de que se incendiara el autobús. Yo no sería capaz de hacer algo que pusiera en riesgo la vida de las personas”, afirma. Cuenta que en el juicio “estuve a punto de romperme al escuchar muchas mentiras” . Dice que ella no se fijó en ningún viajero “solo en la testigo porque subió sola y en ese momento no había nadie más. Pero después subió y bajó más gente y yo siempre estoy pendiente de otras cosas al llegar a la parada, como de si hay personas en sillas de ruedas…".

Describe su situación actual cómo un “intento de parar la noria, de aterrizar, porque pensé que iba a ser más fácil después de la última sentencia, pero no lo es”. El día que la Policía se presentó en su casa y les detuvieron “no sabía si estaba soñando o era real. Fue como si de repente tu vida se frenara. Como si te pusieran un muro gigantesco delante y te vieras obligada a rodearlo". Reconoce que “son cosas que ves en los demás, pero nunca te imaginas que te pase a ti, sin haber hecho nada”.

Ella defiende su inocencia, también la de su pareja, a quien el alto tribunal gallego rebajó la pena de los 22 años a nueve y medio de cárcel y que está pendiente del Supremo. “Es una locura”, añade mientras que llegó a sentirse como el conductor del tren de Angrois, “le escuchaba hablar y me veía identificada”.

Todavía tratando de recomponer su vida fuera de los focos, sostiene con nostalgia una fotografía suya cuando comenzó en la empresa de transporte urbano de Vigo, “en unos días cumpliría 25 años”. Experimentada conductora con permiso para camiones y motos, asegura que “aún tengo los 15 puntos del carné”.

Está convencida de que lo que ocurrió aquella noche, en la que también hubo un conato en otro autobús atribuido en la sentencia a su compañero sentimental, fue un acto reivindicativo por el conflicto laboral en el seno de la empresa, y que la culpabilizaron por significarse. “Yo llevaba unos cuatro o cinco meses en el comité, porque llevaba ya mucho tiempo en la empresa y era el momento de implicarme un poco más. Está claro que siempre que destacas un poco, que sobresales van a ir a por ti. Pero era algo general hacia los veteranos, ya no les servimos porque cobramos antigüedad y han hecho un patrón. Un compañero se suicidó hace cinco años en un hospital y raíz de ahí hubo más casos, por no hablar de los que están medicados, que se han quedado sin profesión”. Lamenta que “hayan convertido a los trabajadores en robots, pero no lo somos, no se puede ir cada día con miedo pensando en qué haré para que me despidan o me castiguen. Es muy difícil vivir así y parece que las cosas no han cambiado, según me dicen mis compañeros”.

Afirma que “pese a todo, yo no guardo odio ni rencor, han acabado con mi profesión, pero no con mi vida”.

Relata cómo hubo gente que “ya me había condenado antes del juicio” pero también otra mucha que “estuvo ahí para sujetarme”. De ahí que se muestre muy agradecida con “compañeros, amigos.. Personas que estuvieron ahí siempre, muchísimas, porque en una situación así si no hay quien te sujete te dejas caer”. Todavía está intentando asimilar todo lo ocurrido “llegué a pensar que todo se acababa y que iría a la cárcel pese a ser inocente".

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