Buenos tiempos para el Celta
El equipo vigués controló el partido ante el Valencia más desde el marcador que desde el juego y sigue séptimo
El Celta vive buenos tiempos, capaz de explotar al máximo sus recursos con el juego a favor o en contra. Ayer, acabó goleando al Valencia en un partido que, paradójicamente, apenas tuvo dominado más allá de la tiranía de los goles, la gran diferencia entre los dos equipos. Porque el Valencia mereció más, pero es incapaz de ver portería con regularidad. Y el bloque vigués se encuentra en estado de gracia. Buenos tiempos.
El fútbol se mueve más allá del juego, sin la obligación de responder a ley alguna, ya sea económica, penal o civil. Sucede mientras 22 personas tratan de llegar más lejos y de ocupar más espacio y dos cuerpos técnicos se devanan los sesos en directo en busca de soluciones. Mientras tanto, el fútbol continúa. Burlón o desentendido, según el día. En el de ayer, el Valencia acumuló mejores sensaciones que frutos y el Celta, más frutos que sensaciones. Porque aunque cada partido es una historia, la Liga es una enciclopedia que las engloba a todas y las entrelaza en forma de rachas, tendencias, condenas o fortuna.
Sólo así se entiende, por ejemplo, que el Celta cometa penaltis por doquier y no los sangre. Sólo así se entiende que el Valencia teja con premura el juego y destroce cualquier prenda futbolística cuando se acerca al área rival. Sólo así se entiende que el conjunto celeste tire de la velocidad como arma principal cuando añora otras. Sólo así se entiende que Borja Iglesias sí acertase en su pena máxima. Sólo así se entiende que el ajuste táctico continuo local diese más resultado en el marcador que el planteamiento limpio de los visitantes, saliendo bien desde atrás y haciendo daño por su izquierda, donde coincidían un Bryan Zaragoza voluntarioso pero escaso en defensa y un Óscar Mingueza que con balón ejercía de pivote distribuidor. Un papel que acabó capitaneando, como casi todo lo que sucedía, Miguel Román.
Claro que el Celta tuvo que pagar una factura costosa por irse al intermedio en ventaja. Williot Swedberg se lesionó y su sustituto, Pablo Durán, también se resintió del hombro izquierdo, aunque hizo de tripas corazón para seguir en el campo tras el descanso. Un tiempo que, una vez más, debía ser bien aprovechado por Giráldez y su cuerpo técnico para tratar de gobernar más el partido y no sólo el marcador.
Porque el Valencia iba a insistir. Porque dispone de jugadores de enorme nivel individual. Jesús Vázquez y Almeida se encargaron de recordarlo nada más salir pero Radu estuvo presto para detener el diente mellado del mordisco che. Con el equipo demasiado atrás, el marcador se antojaba corto como para fiarlo a un ejercicio defensivo. Aunque en esa línea se moviese como si no llevase dos años sin casi vestir de celeste Joseph Aidoo. El ghanés se hizo con el escenario sin balón y con balón. De hecho, él inició la acción del segundo tanto celeste, que después concretaron la visión de juego y la calidad de Mingueza, Pablo Durán y Borja Iglesias, bigoleador.
El gol llegó justo tras los dos primeros cambios che. Todavía más daño para la moral visitante, con cuyo sentimiento de culpa por no haber logrado ganar aún fuera de casa había que explotar. Pero el fútbol seguía sucediendo y se hizo el loco. Empujado, eso sí, por la intención valencianista de seguir jugando en la mitad de campo celeste. Estar en el sitio adecuado es la premisa inicial para hacer daño y aprovechar errores del rival. Marcos Alonso se lió en área propia y su flojo despeje lo recogió Pepelu para marcar desde el borde del área. Danjuma hacía filigranas y se iba siempre, de nuevo por la banda derecha celeste.
Aún quedaba mucho partido. Giráldez tiró de Aspas para intentar dar un poco de control y encontrar las carreras de Jones, que ya llevaba unos minutos en el campo. No hizo falta porque el joven noruego tiene la fortuna de cara. Bastó un error de Diakhaby para que encarase solo al meta rival y marcase. Ahora sí, el partido estaba hecho. Pese a que el Valencia tiró de todo su arsenal ofensivo, que es múltiple y peligroso. Pero ya no había nada que hacer porque el marcador así lo atestiguaba. Incluso, al Celta le dio tiempo a anotar un tanto más en un descuento extraño, marcada por los problemas físicos de los dos porteros. De hecho, Agirrezabala no pudo terminar y su imagen saliendo antes de tiempo ejemplificó el presente del Valencia, doliente. Todo lo contrario que el sonriente bloque celeste, encantado de conocerse tras haber sacado el máximo provecho posible a su partido. Al final de la primera vuelta se llegará con casi tres cuartos de la permanencia asegurada y mirando hacia arriba, con tiempo incluso de centrar esfuerzos en la recta final de mes para las dos últimas jornadas de la fase liga de la competición europea. Buenos tiempos.
Celta 4-1 Valencia
Celta:
Ionut Radu; Óscar Mingueza, Javi Rodríguez (Manu Fernández, min.81), Joseph Aidoo, Marcos Alonso, Sergio Carreira; Miguel Román, Ilaix Moriba; Bryan Zaragoza (Hugo Álvarez, min.67), Borja Iglesias (Jones El-Abdellaoui, min.67), Williot Swedberg (Pablo Durán, min.28; Iago Aspas, min.81).
Valencia:
Agirrezabala; Correia (Luis Rioja, min.57), Foulquier (Tárrega, min.67), Diakhaby, Copete (Diego López, min.81), Jesús Vázquez; Javi Guerra (Danjuma, min.65), Pepelu, Almeida; Beltrán (Ramazani, min.57) y Hugo Duro.
Goles:
1-0, min.33: Borja Iglesias, de penalti; 2-0, min.59: Borja Iglesias; 2-1, min.70: Pepelu; 3-1, min.83: Jones El-Abdellaoui; 4-1, min.94: Hugo Álvarez.
Árbitro:
Ricardo de Burgos Bengoetxea. Amonestó con cartulinas amarilla al local Javi Rodríguez y a los visitantes Hugo Duro, Ramazani y Copete.
Incidencias:
Balaídos. 20.475 espectadores.
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