Vigo, el 20N de 1975: una ciudad aún en construcción
50 años de la muerte de Franco
La ciudad en 1975: 240.000 habitantes tras crecer de forma brutal y sumar 40.000 habitantes en cinco años; estaba todo por hacer en un municipio bastante gris, entonces 100% industrial y en ebullición
El Vigo de 1975 era una ciudad por hacer, en pleno proceso de desarrollo acelerado. En apenas cinco años, había pasado de 198.000 habitantes a casi 240.000, una auténtica barbaridad que sirvió para convertirse en el primer municipio gallego en población, superando a Coruña, a finales de los sesenta. Esa primacía no la ha perdido. Precisamente a finales de la anterior década acababan de ser eliminados los históricos tranvías, entrando en funcionamiento Vitrasa, como todavía hoy. Y con ello, el nuevo polígono de Coia, construido “manu militari” para albergar la creciente población de la ciudad. En poco tiempo, Coia pasó a tener unos 40.000 vecinos, convirtiéndose de hecho en la octava ciudad de Galicia. Un barrio que se ponía en marcha con una amplia avenida central, denominada De Samil, y un bulevar espectacular, pero sin apenas servicios, que tendrían que llegar en las siguientes décadas, con zonas verdes e instituciones, como la Seguridad Social, que allí mantiene su delegación provincial para toda la provincia. Y Hacienda y los juzgados, que acaban de trasladarse. El resto de Vigo era una ciudad industrial al 100 por cien, con el enorme poder de sus astilleros, que facturaban pesqueros a un ritmo que hoy sería impensable. Entre las factorías navales destacaba Ascon, que llegaría a ser la número 1 de Vigo y la más moderna y también el símbolo de la reconversión naval en los años ochenta, cuando echó el cierre a la construcción en metal. Por entonces, Barreras, otra firma desaparecida, contaba con 5.000 obreros. En 1975 botó la mayor plataforma petrolífera del mundo
Otro pilar de Vigo era entonces la industria de la cerámica, con una empresa especial, el Grupo de Empresas Álvarez, GEA, que facturaba platos y vajillas a todo el mundo. Entre su sede central en Cabral y sus plantas en Coruxo y Ponte Sampaio llegó a tener más de 5.000 empleados. En 1976 entro en crisis y nunca se recuperó, aunque tiró unos años como sociedad del INI, un grupo industrial del Estado que recogía empresas en graves problemas.
Citroen Hispania crecía en tamaño ese mismo año, ganando superficie para incrementar la producción. El objetivo era contar con una plantilla de 10.000 trabajadores, lo que en efecto sucedió.
En 1975 había dos periódicos en Vigo, uno que desaparecería apenas cinco años después, “El Pueblo Gallego”, que había sido fundado por Portela Valladares, histórico político liberal en la República. Tenía sus talleres en la calle Doctor Cadaval, donde hoy una plaza y la sede del Colegio de Arquitectos. Tras el franquismo, salió a subasta, pero no hubo interesados.
Otro aspecto de esos años era la modernidad, con dos acontecimientos muy diferentes para que aquella ciudad gris comenzara a lucir. Por un lado, la inauguración del Corte en la Gran Vía, que supuso un motivo de orgullo local. Y por otro, mucho más controvertido, la construcción de la torre de Toralla y el puente, que eran la punta de lanza del primer desarrollo turístico de la ciudad. Un asunto que todavía, medio siglo después, está por resolver.
El alcalde de entonces era Joaquín García Picher, quien había heredado varios problemas graves de su antecesor, Antonio Ramilo. Dos sobre todo: finalizar el consistorio y resolver la traída de agua con la construcción de una nueva presa, la de Eiras, que se inauguraría en 1977. También puso en marcha el campus universitario y logró el visto bueno para que Vigo fuera sede del Mundial de 1982, aunque eso sería más tarde. En 1975 la crónica negra fue el incendio de la discoteca Oliver, donde fallecieron dos personas. Fue también ese el año de las primeras huelgas y manifestaciones. Llegaba el cambio.
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