Julia Navarro
De justicia
Para que luego digan que uno no es prisionero de su pasado o lo que es lo mismo, que en cada momento de una vida hay que reflexionar con suma prudencia sobre lo que se hace para que lo hecho no se aparezco a la vuelta de los años por las noches gimiendo cargado de grilletes y con sábana blanca.
Y para que conste, que se lo preguntan a unos cuantos que a estas horas de la vida están con las emociones pendientes de un hilo y en un sin vivir perpetuo como le pasa a la hoy princesa Mette-Marit, esposa del príncipe Haakon heredero de la corona noruega, que tuvo una juventud de lo más turbulento y ahora recoge la mies sembrada.
Parece de lo más injusto, pero hasta en Noruega, donde se supone que las emociones están a resguardo y conservadas en hielo, pasan estas cosas. No solo nos ocurre a nosotros, meridionales de sangre caliente, estrangulados por las pasiones, capaces de liarnos a garrotazos por cualquier tontuna, sino a estos nórdicos de aspecto hierático, todos rubios, todos de ojos azules y todos, hombre y mujeres, con estaturas superiores al metro ochenta, de piel transparente como corresponde a sujetos que se menean la mayor parte del año a temperaturas inferiores a los cero grados. O sea, como Mette-Marit.
Mette-Marit tuvo una juventud explosiva que derivó en un hijo anterior a su ingreso en la realeza, durante su estancia en una comuna de amor libre que tuvo en 1997 con el que hoy es un empresario llamado Morten Borg, (qué nombre tan genuinamente escandinavo) A Mette-Marit le está saltando al camino a estas alturas de la vida los dislates que hizo cuando era una chica “house” y se lió con este sujeto que venía de estar preso por tráfico de cocaína. Y lo que es peor, se la está liando no solo el hijo que tuvo con él de soltera antes de ser heredera consorte de la corona noruega, sino sus amistades peligrosas. El hijo va a ser juzgado por una cadena de delitos de la peor ralea que lo definen como un psicópata, y las amistades peligrosas le traen de vuelta situaciones en las que hoy hubiera dado un dedo de la mano por no estar. Por ejemplo, su confraternización cariñosa y estrecha con Jeffrey Epstein como demuestra su correspondencia electrónica. Hay que pensar en el futuro que un día incluso se puede reinar.
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