Viaje a ninguna parte para decenas de personas sin hogar en Vigo
Aseguran que los albergues suelen estar llenos y con lista de espera, y que en verano cierran varios comedores sociales
Un mínimo de doce personas sin hogar duermen de forma permanente a las puertas de la nueva estación de autobuses, otras tantas llevan tres o cuatro años en una especie de campamento en la antigua terminal de la Avenida de Madrid y hay muchos otros sintecho repartidos por el entorno del Auditorio de Beiramar, los soportales del Berbés, las traseras de Alfonso XIII y muchas otras zonas de la ciudad. Son vida rotas por distintas circunstancias, personas que no tienen adonde ir ni tampoco saben si algún día cambiará su suerte. En Vialia se han convertido en blanco de las críticas porque es un lugar muy transitado, donde el primer impacto es la suciedad y la falta de seguridad, y paradójicamente está junto a una de las mecas del consumo de la ciudad. En los últimos meses es motivo de controversia entre Xunta y Concello de Vigo por ver quién tiene competencias para actuar.
Muchas de estas personas, en situación de pobreza extrema, saben que se habla de ellos y que más pronto que tarde los echarán. “Nadie nos da solución, de vez en cuando vienen dos personas de Cruz Roja para traer algo de agua y comida pero no tenemos un techo ni ingresos para sobrevivir”, explican.
En Vigo hay cerca de cien plazas repartidas en tres albergues, el municipal, el de Teis y el de O Calvario, que suelen estar llenos y en el caso del municipal con lista de espera. Ocurre también que en el albergue municipal no se puede estar más de 10 o 15 días, así que tienen que volver a la calle. Hay también comedores sociales, como el de la Esperanza que acaba de lanzar un SOS porque tiene pocos alimentos, el de las Misioneras del Silencio, el de la Sal de la Tierra en Balaídos, Vida Digna en Teis que funciona el fin de semana o las meriendas de Capuchinos. Algunos cierran en verano, con lo cual se complican las cosas. Se duchan en el albergue municipal, en la sede de Médicos del Mundo, que también les da algo de comida, o en Érguete que además tiene una furgoneta que reparte café y alguna comida tres días a la semana en Jacinto Benavente. Son soluciones para el día a día pero no para mejorar su futuro.
Entre las personas en situación de calle hay todo tipo de casuísticas, desde los que sufrieron un batacazo económico o una separación hasta los que tienen problemas de salud mental, enfermedades físicas y también adicciones. Una de las personas sin hogar explicaba ayer que se nota la diferencia entre “los que tienen la esperanza de salir adelante y los que no, los que deciden seguir en el círculo en el que han caído”. Esta misma persona señalaba que en el colectivo no son todos iguales, pero que los que tienen mal comportamiento hacen que se les vea a todos así.
Carlos: “Son personas, no se soluciona llevándolos de un sitio a otro”
“Me gustaría que no viesen a las personas que están aquí como parásitos o como animales, son seres humanos y todos merecen una oportunidad de ayuda”. Esto decía ayer Carlos, un mexicano de 26 años con nacionalidad española que se vio en la calle tras un desahucio y que tuvo la suerte de recibir ayuda para vivir en un hostal. “Yo quiero salir adelante, pero te ponen muchas complicaciones y eso que yo tengo la documentación en regla”, subraya.
Estudió Diseño Gráfico y le encantaría seguir formándose con una FP, pero por ahora se tiene que preocupar de sobrevivir cada día mientras no le sale un trabajo o un curso remunerado. Mientras, toma notas en una libreta y hace dibujos para una novela que piensa escribir y que tendrá mucho que ver con la vida de las personas sin hogar, “no con los que tienen cosas turbias y se meten en problemas, con el resto”. Algunos de esos dibujos los muestra en su cuenta de Instagram (jeff_holmes5). Tiene también una libreta reservada para escribir algo personal a los compañeros que se vayan.
Ahora va de visita todos los días a la estación de Vialia, donde conoce a algunas personas, las escucha y les cogió cariño. Sabe del señor que vivía en la calle con su mujer y estuvo meses con un dolor en la pierna hasta que ya no podía moverse ("ahora le dieron una solución") y llamó al 112 cuando vio a una persona que tenía ronchas en la piel que le provocaban un dolor insoportable. Ahora se pregunta qué pasará con sus vidas cuando los echen de allí.
Considera que la solución pasaría por buscarles un sitio para vivir en alguno de los muchos edificios abandonados que hay en la ciudad y crear más albergues. “La solución tiene que ser a largo plazo, no a corto plazo para que los turistas no vean este tipo de escenarios. Son personas, no se soluciona llevándolos de un sitio a otro porque el problema va a seguir ahí”.
A los políticos les pediría que dejasen de gastar el dinero en tonterías y de pelearse, porque “hay problemas más importantes como esto de la vivienda o la falta de empleo”. En su caso, no puede trabajar en el mundo del diseño gráfico porque le dijeron que tenía que homologar el título, tampoco puede hacer unos cursos de preparación porque no salen hasta mayo y sigue buscando empleo. Vive con su padre, que ya no está en edad de trabajar y su madre falleció de cáncer.
Desde que está en Vigo asegura que ve cómo llega cada vez más gente, pero también hay muchos que están intentando comprar un billete para irse a otras ciudades como Coruña o de fuera de Galicia.
Reclaman atención para los problemas de salud mental y adicciones
La solución para las personas sin hogar no pasa solo por proporcionarles un techo o un piso compartido, porque muchos padecen problemas de salud mental que requieren de atención sanitaria, patologías físicas sin tratar y adicciones que también requieren de un acompañamiento. No todas la personas que viven en la calle están en esta situación, pero sí hay muchos con esta problemática.
Colectivos como Os Ninguéns ponía el foco estos días en las listas de espera para acceder a una consulta con un psicólogo o un psiquiatra para el conjunto de la población y también para personas en situación de pobreza para las que es difícil estar bien cuando “viven bajo la amenaza de un deshaucio, cuando no saben si podrán pagar el siguiente recibo de la luz, cuando la nevera está vacía, hay deudas acumuladas, no existe estabilidad laboral o les llega una notificación administrativa que puede cambiar completamente su vida”. En paralelo, estás personas no se pueden pagar una consulta privada para saltarse la lista de espera. Subrayan que "la pobreza deteriora la salud mental y los problemas de salud mental pueden dificultar aún más salir de la pobreza".
Señalan que hay personas en situación de calle que dan el perfil para poder vivir en un piso compartido que podrían pagar con la risga o el ingreso mínimo vital, pero que necesitarían también un itinerario personalizado, de tal forma que si tienen una adicción darle la ayuda para salir y si vale para trabajar buscarle empleo.
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