La Unidad de Prevención del Suicidio atendió a 820 personas
Explican que normalmente se debe a “tormentas perfectas”, pero trasladan un mensaje de esperanza porque disponen de herramientas para abordar la situación
La Unidad de Prevención del Sucidio atendió desde su apertura en 2021 a un total de 820 personas del área sanitaria de Vigo, a las que ofreció herramientas para poder recuperarse.
Es un dispositivo que garantiza un acceso rápido a los especialistas en Salud Mental a las personas que presentan un riesgo elevado de acabar con su vida y que son detectadas por el sistema.
Comenzaron en el Taboada Leal de la calle Pizarro, pero desde junio de este año trabajan en la planta primera del antiguo centro de salud Nicolás Peña, reconvertido ahora en un servicio multidisciplinar de Salud Mental. La Unidad de Prevención del Suicidio está formada por la psiquiatra, Mar Puialto, el psicólogo clínico José Eduardo Rodríguez, y las enfermeras especialistas en Salud Mental Sofía Feijóo y Laura Jardón, a los que se sumó la estudiante de Medicina Patricia Villarejo que eligió la unidad para hacer su rotación en Psiquiatría.
Cada año les derivan alrededor de 150 pacientes nuevos, todos ellos mayores de 16 años.
Dentro de este rango de edad, ahora están detectando que vienen personas un poco más jóvenes: el perfil mayoritario son mujeres adolescentes y jóvenes de 16 a 25 años, así como mujeres de 46 a 55 años. Recuerdan que las mujeres lo intentan más que los hombres, pero ellos tienen tasas más altas de suicidio consumado.
Explican que es una situación multifactorial. La psiquiatra Mar Puialto lo define como “la tormenta perfecta”, en la que ocurren muchas cosas al mismo tiempo, desde la presión que sufren a nivel social que tiene un papel relevante hasta los problemas familiares y laborales, el estrés de vidas que van muy rápido, problemas de adicciones y personas con trastornos mentales graves.
El paciente llega a la unidad tras un proceso largo de sufrimiento y del que normalmente le cuesta hablar con su entorno, con los familiares o los amigos. Los profesionales realizan una valoración multidisciplinar para lograr que la persona se vaya abriendo. Pero ya el primer contacto del paciente con la unidad supone aliviar parte de la carga que traían con ellos. “Al hablar de lo que está ocurriendo, hay como una descompresión. Sienten cierto alivio ya solo por tener con quién hablarlo, por ser escuchados sin sentirse juzgados o presionados por las carencias”, señalan.
El programa dura seis meses, pero al terminar se produce un seguimiento del paciente por otros dispositivos de Salud Mental para garantizar su recuperación.
Lo habitual en estas unidades es que durante este programa de seis meses haya un 20% de tentativas de suicidio. En la de Vigo está en el 13% y es un dato que les anima a seguir.
"El mensaje a veces está entre líneas, en la desesperación, la carga, el aislamiento”
Muchas veces el entorno de las personas que tienen ideación suicida no se dan cuenta de la gravedad de lo que está pasando y hay también personas que no piden ayuda y acaban falleciendo sin que hayan sido detectadas por el sistema.
¿Cuáles son las principales señales de alarma? La primera señal y la más clara es cuando lo verbalizan. “Si lo dicen siempre hay que tenerlo en cuenta, pero después hay señales sutiles”. José Eduardo Rodríguez explica que son personas con un sufrimiento intenso y un sufrimiento complejo en las que aparece un segundo factor, la desesperación porque no ven la salida a esa situación. También están los que tienen el sentimiento de ser una carga para sus seres queridos, una carga física, económica y emocinal, de tal forma que “pueden fantasear con la idea de que sus seres queridos vivirían mejor sin él o sin ella”.
La psiquiatra Mar Puialto añade otros síntomas preocupantes como un insomnio grave pertinaz, el hecho de que esas personas empiecen a dejar de disfrutar de las cosas que les gustaban mucho, como pasear a su perro, y que se aíslen. “Si no lo dicen, el mensaje está entre líneas, es ahí donde reside la desesperación, la carga, el aislamiento”, concluye el psicólogo.
Los pacientes llegan a la unidad normalmente derivados de otros especialistas de Salud Mental. El primer paso es el triaje que realizan las enfermeras para ver los criterios de riesgo y la prioridad, y ve si cumple los requisitos para entrar en el programa. En caso afirmativo, le dan una primera cita con la psiquiatra y con la enfermera. Luego tendrá citas semanales en las que se alternarán los miembros del equipo, psiquiatra, psicólogo clínico y enfermera. Trabajan en equipo y diseñan un plan personalizado para cada paciente, porque cada uno llega de forma distinta a esta situación y tratan de entenderlo. El tratamiento es psicofarmacológico, que puede tener un protagonismo mayor o menor (en personas con trastorno mental grave es más habitual y a otros les dan lo mínimo para que tengan una mayor estabilidad emocional), el tratamiento psicoterapéutico y finalmente el educativo en el que también se implican las familias.
José Eduardo Rodríguez explica que hay razones para morir y razones para vivir. Los profesionales tratan de analizar qué cosas hacen sufrir al paciente y cómo llenarlo de contenido de forma diferente, además de hablar de las razones para vivir y potenciarlas. Les enseñan también cómo hacerlo, trabajando la impulsividad y con planes de seguridad que hace la enfermería para afrontar las crisis que se puedan presentar. Desde la unidad trasladan un mensaje de esperanza porque cuentan con muchas herramientas para abordar esos casos, muchas formas de enfocarlo y de ayudar a la persona.
La ciudad de Vigo registró 32 suicidios el año pasado
La ciudad de Vigo registró 32 suicidios el año pasado, una cifra que consolida un descenso que se viene produciendo en los últimos tres años, según las cifras del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga) correspondientes a la memoria de 2025, aunque para para saber si es una tendencia habría que analizar un periodo mayor.
Es la segunda ciudad gallega con más casos, después de A Coruña, donde hubo 35. En el resto de las grandes ciudades le sigue Ferrol con 21 suicidios, Pontevedra con 18, Santiago y Ourense con 17 cada una, y Lugo con 11.
El Imelga investigó el año pasado 303 muertes suicidas en toda Galicia, lo que supone el 33% de las muertes violentas y un 15% de toda las muertes investigadas. Según informan, la causa más frecuente es el ahorcamiento, con 143 muertes, seguida de las precipitaciones (52), las intoxicaciones (32) y las submersiones (14). Por sexos, el 74% eran hombres y un 26% mujeres. La mayor incidencia en la Comunidad Autónoma se dan entre personas que tienen entre 51 y 60 años.
En Vigo está previsto dotar de un segundo equipo a la Unidad de Prevención del Suicidio del Nicolás Peña.
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