Tane y Leví: la difícil relación de personas sordas y oyentes

Una directiva de la Asociación de Personas Sordas de Vigo y su hijo explicaron su experiencia vital en un acto de Foanpas

Leví Olivares, con su madre a la izquierda y con miembros de Foanpas ayer en los Norte.
Leví Olivares, con su madre a la izquierda y con miembros de Foanpas ayer en los Norte. | Lucía Expósito

La película “Sorda” de Eva Libertad mostró los múltiples matices que existen en la relación entre personas sordas y oyentes, con la maternidad y la comunicación en el primer plano de la historia. Además de cosechar varios premios este año, la película abrió una reflexión social y la Federación de Padres y Madres de Vigo (Foanpas) quiso aprovechar el tirón para debatir sobre las necesidades de apoyo educativo para niños con discapacidad. Para ello, ayer celebró un acto en Multicines Norte, donde las familias vieron la película “Sorda” y al terminar asistieron a un coloquio, donde dos vigueses de carne y hueso contaron su propia experiencia vital como madre sorda e hijo oyente.

Son María del Carmen González, Tane, una persona muy conocida entre la comunidad sorda, y su hijo Leví Olivares, que es gerente de EVD Galicia, una institución que proporciona los apoyos necesarios para promover la dignidad de mujeres con discapacidad intelectual. Les gustó la película porque “refleja la vida de las personas sordas desde una perspectiva totalmente distinta”.

Leví Olivares explica que a diferencia de otras cintas, como “La familia Bélier” o “CODA”, en las que se habla más de las relaciones familiares entre padres e hijos, en “Sorda” se introduce el tema de la maternidad, con todos los dilemas, miedos y dudas que surgen , y también la relación de pareja.

Reconoce que la comunidad sorda tiene una tendencia a la desconfianza por no poder escuchar y no poder comunicar lo que siente, pero lo que más le interesa destacar de esa relación es cuánto se siente de desigual uno sobre el otro y cuánto el oyente se siente juzgado por eso. “La película refleja muy bien esas emociones y esa realidad que es compleja”, subraya.

En su familia hay diez personas sordas, su madre y sus dos tíos, casados todos ellos con personas sordas, y por parte de padre eran cuatro hermanos, dos de ellos sordos casados con sordos. La pérdida de audición se debió a distintas causas médicas y no a razones genéticas, en su generación son todos oyentes. Cuenta que de niño aprendió la lengua materna de forma muy natural (la de Signos) y que su madre siempre se preocupaba de saber si hablaba correctamente la lengua de los oyentes. En su casa siempre había mucha gente, familiares o amigos, a los que preguntaba estas cosas. Ahora nota la diferencia entre su forma de hablar la lengua de signos y y la de un intérprete , los gestos y la gesticulación son un poco distintas. “Es como los acentos de un idioma, no es lo mismo como suena el inglés de Escocia que el que aprendes en una academia”.

Barreras

Leví Olivares explica una de las barreras que vivió en primera persona. Su padre tuvo cáncer y siempre entraba en el médico con un intérprete o uno de sus hijos, hasta que llegó un momento en el que les dijo que lo que quería era ir a consulta con su mujer porque era con ella con la que quería tener intimidad, pasar el miedo y las preocupaciones. Su mujer siempre se quedaba fuera porque solo podían entrar dos personas. “Pedimos que fueran los dos y si el médico no se podía entender con ellos era problema del médico. Al final tuvieron que flexibilizar y permitir una tercera persona”, recuerda. Considera que a veces es cuestión de sensibilidad, de mirar a los ojos a esa persona y dirigirse personalmente a ellos porque “van a hacer el esfuerzo de entenderte”. Por otro lado, apunta que a día de hoy hay tecnología para mejorar la comunicación, con videollamadas que tienen servicio de intérpretes, y que están al alcance de cualquier bolsillo.

Tane siempre estuvo en la directiva de la Asociación de Personas Sordas de Vigo y también participa en la Federación Gallega y en la Confederación Nacional. Dedicó muchos años a sensibilizar sobre la mujer sorda, y gestionaba un grupo de voluntarios para acompañar a personas sordociegas y otro para mediación comunicativa en procesos judiciales o con los servicios sociales. También dio charlas en colegios porque su problema es solo la audición y tiene muchas anécdotas que muestran su gran sentido del humor, desde un taxista que pensó que era una maleducada por no responder hasta el día que la novia de su hijo quiso regalarle un disco.

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