El taller de Renfe, locomotora de la modernidad

La instalación es una de las pocas de Galicia que se dedica a la reparación y mantenimiento de maquinaria ferroviaria; añadirá próximamente un tren S-121 más

El taller Renfe de Redondela, ubicado justo al lado de la estación ferroviaria actualmente en obras, cuenta con 200 metros de longitud y capacidad para albergar más de 10 trenes a la vez para su reparación y mantenimiento.
El taller Renfe de Redondela, ubicado justo al lado de la estación ferroviaria actualmente en obras, cuenta con 200 metros de longitud y capacidad para albergar más de 10 trenes a la vez para su reparación y mantenimiento. | Jorge Santomé

El taller Renfe de Vigo, ahora ubicado en Redondela, es uno de los pocos en Galicia que se dedica al buen funcionamiento de los trenes. Es su premisa. Tan solo uno en A Coruña y otro en Ourense realizan una labor similar. Dentro de su infraestructura de 200 metros de longitud pueden albergar hasta una veintena de trenes en sus tres carriles de funcionamiento (no todos a la vez). Trece de ellos son los S-121 que realizan las conexiones por el Eje Atlántico y el A Coruña-Ourense y 7 locomotoras de la serie S599, con motor diésel y destinada a cubrir los servicios regionales entre Vigo y A Coruña.

Según Santiago García, gerente del área territorial norte de Renfe en ingeniería y mantenimiento, el taller sumará próximamente un tren más a su colección para su puesta en marcha. “Aquí no realizamos el montaje de los trenes. Nos dedicamos a su mantenimiento y reparación para que no tenga ningún fallo”, aseguró. No obstante, las dificultades en algunos servicios del Eje Atlántico no dependen de la labor de los trabajadores del taller, sino de la falta de mantenimiento de las infraestructuras de ADIF. Eso es porque cada tren, cada vagón, es examinado minuciosamente antes de salir a las vías. Y si no está en condiciones, no sale. “Tienen que pasar unos controles obligatorios. El primero, a los 7.000 kilómetros. El segundo, a los 20.000. Depende de cada modelo. Pero si llega a ese kilometraje, el tren se detiene por completo. No se puede mover”, indicó García. Esto hace que desde Renfe tengan que calcular con precisión para la entrada a los diferentes talleres. En este caso, a Redondela. Asimismo, el tren tiene un recorrido de unos kilómetros para probar sus prestaciones antes de comenzar a operar con normalidad.

Cuenta con 42 trabajadores, todos ellos en 3 turnos de 8 horas de duración. O lo que es lo mismo, un taller operativo 24 horas, 365 días al año. Comenzó su funcionamiento en 2013, cuando se mudaron tras el cambio que dio el entorno de Vialia. “Todavía se ve el muro que delimitaba el taller”, indicó el gerente. Dentro, hacen una puesta a punto de cada vagón y locomotora que entra por su acceso, tomando un desvío en Redondela (a diez minutos de Vigo). Trabajan en todos los aspectos, por abajo (para ello tienen pequeños caminos subterráneos donde pueden introducirse los trabajadores), dentro de los vagones ante algún fallo eléctrico y en la parte superior, a la que acceden a través de una pequeña grúa con cesta incorporada. “Tenemos posiblemente el taller más moderno de toda España y con la tecnología más avanzada, solo por detrás de Valladolid”, aseguró García. Aunque los trabajadores y el gerente reconocen que no hay tiempo para aburrirse y que la carga de trabajo es elevada, la coordinación es lo más dificultoso. Todo tiene que ir ligado a la perfección para que el tren salga a su hora del taller y acuda a la estación correspondiente. En este caso, la de Vigo, primera parada y salida del Eje Atlántico. Con la nueva incorporación del nuevo tren ya serán 21 y “estaremos al límite de nuestra capacidad. No podríamos tener ninguno más”.

En un pequeño apartado, la locomotora afina sus ‘ruedas’ a través de un aparato que lima y renueva la parte que realiza el contacto con el carril. Y entre sus labores, se encuentra una de las pruebas más específicas que se realizan. No todos los talleres cuentan con esos medios. Para el cambio de carril en las diferentes bifurcaciones, necesitan testar el pequeño ‘salto’ que se produce en el cambio. Para ello, la nueva tecnología es vital. A través de un ordenador y con una especie de pequeño gato hidráulico, logran elevar unos milímetros cada vagón para, de repente, soltarlo. Todo con unas medidas de seguridad extremas.

Estos cuidados a los trenes del Eje Atlántico hace que tengan uno de los porcentajes más bajos de averías, muy por debajo de la media. “Normalmente, cada tren registra una avería en su infraestructura (que no en las vías) tras realizar 440.000 kilómetros. Los que atendemos aquí, la tienen cada 940.000 kilómetros”, apuntó el gerente. Y con una vida útil de algo más de 20-30 años, a corto-medio plazo no hay visos de ninguna ‘jubilación’ cercana para este taller.

Lo moderno del taller, locomotora en Galicia de la reparación y mantenimiento de trenes en su fase inicial (las averías más grandes se realizan en la capital), dio un salto de calidad a principios de 2023, tras hacerse cargo de los S-121 y no tener que desplazarse estos a Madrid para su inspección. En las tripas de Renfe, al igual que en las vías, se realiza todo con seguridad extrema, no se permiten los errores. No suelen suceder.

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