Un túnel de lavado a presión para trenes

Deben pasar por él aproximadamente cada 4 días para su limpieza

El tren, en plena tarea de limpieza, recorre a escasa velocidad el túnel de lavabo ubicado en el taller de Redondela.
El tren, en plena tarea de limpieza, recorre a escasa velocidad el túnel de lavabo ubicado en el taller de Redondela. | Jorge Santomé

Como si de un vehículo particular se tratase, los trenes también necesitan pasar de vez en cuando por el túnel de lavado para eliminar manchas y suciedad que recogen tras recorrer tantos kilómetros a gran velocidad. Lo verdaderamente complejo es instalar una especie de túnel de grandes dimensiones y coordinar la operación para que salga bien. Primero, se le da aviso al tren en cuestión para que se coloque lo más cerca posible. Ahí, los trabajadores deben cortar parte de la electricidad en la catenaria por el posible riesgo que conlleva mezclar agua y alta tensión. Nada recomendable.

Una vez no hay electricidad dentro del túnel de lavado, la infraestructura se impulsa ligeramente y muy despacio (a menos de 4 kilómetros por hora), mientras se aplican los chorros en dos diferentes programas de lavado. El más rápido, de aproximadamente 10-15 minutos o el largo, ya acercándose a la hora de duración. Una vez la parte delantera ya asoma el morro de los chorros, se activa algo de electricidad en el pantógrafo que existe en la parte superior. Eso permite que la locomotora y los vagones sigan avanzando muy despacio, sin problemas con la electricidad y con la máxima limpieza en cada apartado.

No siempre fue así. De hecho, esta nueva técnica muy similar a la limpieza de automóviles es reciente en Redondela. Fue instalada en 2022. Anteriormente, los trenes se limpiaban de la única forma posible. A mano, con fregona, agua, jabón y mucha paciencia. “Nos quitaba muchísimos recursos y trabajo. Era una de las cosas que ocupaban a más gente”, aseguró el gerente del territorio norte en ingeniería y mantenimiento, Santiago García. Todavía se usa, sobre todo para retocar algunos detalles que el túnel a presión no pudo eliminar.

Limpio y arreglado, el tren sale a su destino. En este caso a Vigo, para luego ponerse en marcha y trasladar viajeros por el Eje Atlántico durante la tarde. Pero volverá al taller para su mantenimiento en pocos días. Después de su paso, vuelven a conectar la electricidad y todos los operarios vuelven a su trabajo dentro del taller. Seguramente exista algo que arreglar para que la fiabilidad de Renfe sea máxima.

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