La red de envíos de coca quería hacerse con la ruta de la fruta de Vigo

El agente encubierto que contactó con el jefe de la organización, en busca y captura, relató en el juicio que el prófugo tenía obsesión con lograr el monopolio de esa vía marítima con el puerto vigués

Los cuatro acusados que están siendo juzgados en Vigo en la única sesión a la que acudieron de forma presencial.
Los cuatro acusados que están siendo juzgados en Vigo en la única sesión a la que acudieron de forma presencial. | Europa Press

La organización que estaba detrás del envío de 650 kilos de cocaína en un contenedor llegado al puerto de Vigo en 2023 ocultos entre palés de plátanos estaba totalmente estructurada, tenía una importante y sofisticada infraestructura tanto en varios países de Sudamérica como en el sur de España y contaba con experiencia. Así lo aseguró ayer el agente encubierto “Encina” durante su declaración en el juicio que se sigue en la Audiencia en Vigo contra cuatro acusados de pertenecer a dicha red criminal.

Su relato, que bien podría formar parte de un guion de Hollywood, incidió en varias ocasiones en la figura del jefe de la organización, al que apodaba Mandarín y que no se sienta en el banquillo por estar en busca y captura desde que estalló este operativo en el mes de abril de hace tres años. Se trata de Damián Rodríguez con el que “Encina” mantuvo varios encuentros y al que hizo creer que le proporcionaría la infraestructura necesaria en el puerto vigués para recoger el que fue un envío de droga de prueba.

Según afirmó este policía, este presunto capo “estaba obsesionado con hacerse con el monopolio de la ruta entre Sudamérica y Vigo por mar para enviar cocaína”. Es más, “alardeaba de que podía mover hasta 1.800 kilos en un solo viaje”.

Junto a él, señaló a los acusados como participantes en el primer cargamento que se intervino tras llegar a la ciudad cuando era transportado por carretera en un camión. Afirmó que mientras uno era el transportista, los otros viajaban en vehículos custodiando al tráiler por si hubiera controles y que “eran conocedores de que se llevaba droga”.

En cada encuentro con el jefe, “Encina” era registrado para ver si llevaba móviles o cualquier otro aparato que diera pistas sobre su posición. Además, le citaban en distintos puntos y desde allí “me recogían primero en un coche, después en una ocasión pasamos a una moto y luego andando. Me daban varias vueltas por la ciudad para evitar seguimientos”.

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