El puente y el molino reaparecen en Eiras, sin lluvia a la vista

Los restos de la antigua aldea anegada hace medio siglo, al descubierto con el embalse en su punto más bajo en un octubre

El puente y el molino reaparecen en Eiras, sin lluvia a la vista | J.V. Landín

Dentro de apenas cinco meses se cumplirán 50 años de la puesta en servicio de la presa de Eiras, construida en tiempo récord ante la urgencia de resolver el problema de la falta de agua por el espectacular crecimiento poblacional de Vigo. Su inauguración, el 21 de marzo de 1977, fue presidida por el ministro de Obras Públicas, Leopoldo Calvo Sotelo, luego presidente del Gobierno. Costó la ahora cantidad irrisoria de menos dos millones de euros. Al mes siguiente, la constructora abría las compuertas a propósito, provocando un desabastecimiento, para protestar por una deuda no cobrada. Como es conocido, se encuentra en el cauce del río Oitavén, entre Fornelos y Ponte Caldelas y abastece a la ciudad y su comarca (incluyendo Mos, O Porriño, Redondela y Salceda de Caselas).

Eiras pasa por su peor momento para un octubre. Sin entrar en alarmismos, como señaló la Consellería de Medio Ambiente, está en el nivel más bajo al menos en este siglo para este mes, con agua garantizada hasta diciembre al menos. Cierto que en 2017, la peor sequía, llegó a descender hasta el 37 por ciento en la primera semana de diciembre. Pero ese mismo año, se encontraba al 52 en octubre. Hoy, según los últimos datos de Augas de Galicia, no supera el 45 por ciento y las perspectivas no son optimistas: según coinciden las agencias meteorológicas, octubre seguirá seco, como los anteriores meses, y no se contemplan lluvias al menos hasta el día 22. Se mantiene el nuevo ciclo de precipitaciones, ínfimas desde junio hasta octubre. El caudal ecológico se encuentra ya en el mínimo para alimentar el río que desemboca en el Verdugo. Augas de Galicia realizó hace unos días el último ajuste para reducir la salida a la exigencia legal y evitar una denuncia por delito ecológico.

Eiras es el mayor embalse gallego, pero se ha quedado pequeño y probablemente habrá que ampliarlo o construir otro en las proximidades, una operación que se ha demostrado muy compleja en cualquier punto donde se realice. No obstante, a diferencia de otros trágicos episodios de presas en Galicia, la construcción de Eiras no supuso la inundación de un pueblo entero ni el traslado masivo de habitantes, aunque tuvo efectos: sumergió los terrenos de una aldea, incluyendo caminos, puentes y molinos. Solo cuando el nivel del agua desciende de manera importante por periodos de sequía, como es el caso, quedan al descubierto diversos vestigios de lo que fue la vida en el valle antes de la construcción de la presa, como los puentes que cruzaban el cauce del río Oitavén y sus afluentes, así como antiguos molinos que aprovechaban la fuerza de la corriente.

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