Miles de vigueses en la procesión matinal del Cristo de la Victoria y lleno en la Basílica
La tradicional procesión matinal del Cristo de la Victoria reúne a miles de vigueses
La procesión del Cristo de la Victoria no es un evento único. El primer domingo de agosto por la mañana –algunos incluso antes de que salga el sol–, miles de fieles recorren las calles por las que más tarde pasará el ‘cristo de la sal’ con sus respectivas velas, una suerte de ‘procesión personal’ que es toda una tradición y que, en días en los que se prevé mucho calor como ayer, tiene todavía más seguimiento. Es el caso de Manuel, que acudía ayer desde Redondela luciendo un tatuaje del Cristo en su mano izquierda: “Como hoy va a hacer mucho calor, prefiero hacerl ahora”.
En la Concatedral se agolpan los asistentes a esta peculiar procesión, que aprovechan también para acudir a alguna de las misas que se celebra en honor del Cristo de la Victoria. La mayoría las sigue en la pantalla gigante colocada en el exterior por la Diócesis, pues los bancos de dentro están ocupados desde primera hora de la mañana.
La ‘procesión antes de la procesión’ del Cristo la realizan tanto fieles llegados desde la propia ciudad como vecinos de municipios colindantes y las razones para hacerla son, principalmente, dos: la imposibilidad de acudir a la de la tarde por razones personales o laborales y huir del calor y las aglomeraciones.
Parejas jóvenes, parejas mayores, familias con niños pequeños… Personas de todo tipo acuden el primer domingo de agosto a esta procesión no oficial, pues el Cristo de la Victoria de Vigo trasciende la fe religiosa y ya es una tradición familiar que pasa de padres a hijos. “Tengo un amigo que vive en Qatar y vuelve a la ciudad una vez al año por estas fechas porque dice que no puede perderse la procesión del Cristo”, relataba ayer una de las fieles que acudía a primera hora a la Concatedral.
Además, al igual que en el evento de la tarde, no son pocos los que, a causa de una promesa, hacen el recorrido descalzos. Porque la procesión también va por dentro, aunque no haya ninguna figura a la que seguir.
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