El Descendimiento del Cristo de la Victoria mueve a la pasión y emociona a los fieles
La Colegiata vuelve a registrar largas colas para rendir honores al protector de la ciudad, que hoy procesionará por el centro
Es más que una tradición porque, si bien el fervor por el Cristo da Vitoria forma parte del ADN de los vigueses y se hereda generación en generación, también conmueve y llama a la devoción a personas de fuera de la ciudad. Ayer se pudo palpar toda esta intensidad y emoción en la ceremonia del Descendimiento, celebrada a últimas horas de la tarde en la Basílica Concatedral de Santa María, también conocida como la Colegiata, llena en su interior y que de nuevo volvió a registrar colas en su exterior, donde se instaló una pantalla gigante.
Tras la misa, una veintena de cofrades procedió al tradicional Descendimiento, una delicada operación en la que se usan escaleras y poleas con cuerdas y que duró una media hora, el tiempo que se tarda en bajar la imagen de su lugar preferente en el altar mayor para que hoy pueda procesionar en su carroza junto a 200.000 personas.
La ceremonia fue seguida con gran emoción por los fieles, que arrancaron en aplausos y a cantar el himno del Cristo tan pronto su imagen llegó intacta hasta un pequeño altar, donde fue depositada en horizontal para que fuese venerada. No hubo ‘besapiés’, una costumbre que se eliminó con el covid y que la Cofradía quiso evitar que se recuperase por razones de higiene.
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