Miles de pacientes con covid persistente continúan sin solución tras cinco años
Las secuelas de la pandemia
Tal día como hoy de 2020 se detectó en Vigo el primer caso. Ahora los expertos lo consideran una infección respiratoria leve, pero el 10% de infectados aún lo mantienen como enfermedad crónica: en Galicia se estima que son unos 100.000 enfermos
Hace cinco años, un 25 de febrero de 2020, el paciente cero de la pandemia en el área de Vigo y el segundo caso conocido en Galicia, Daniel Aldea, notaba los primeros síntomas de una enfermedad de la que aún había muy pocos casos en España. A él le diagnosticaron oficialmente el 4 de marzo, cuando ya estaba ingresado en el Hospital Álvaro Cunqueiro. Los primeros años de la pandemia fueron devastadores y entre los supervivientes surgió una dolencia nueva, el covid persistente, del que todavía se sabe muy poco.
La vecina de Lavadores Begoña Castro tiene grabado a fuego el mes de noviembre de 2020, porque fue cuando se contagió por primera vez de la infección y no sabía entonces que se convertiría en una de las pacientes con covid persistente, una enfermedad para la que, cinco años después de la irrupción de la pandemia, no existe tratamiento y puede presentar hasta 200 síntomas distintos. Se volvió a contagiar en 2021, a pesar de que tenía las dos primeras vacunas.
Begoña notaba que no había quedado bien, tenía la conocida niebla mental, dolores en el cuerpo, se olvidaba de las cosas, tenía falta de equilibrio y se caía con frecuencia. Cuenta que el médico de cabecera le llegó a decir que era “una histérica”. Tras mucho insistir la derivaron a la unidad poscovid del Álvaro Cunqueiro, donde le diagnosticaron la enfermedad y la derivaron a Neurología, donde le hacen una revisión cada dos años. “A mí el covid me había afectado al cerebro. No tengo secuelas en los pulmones, pero pero sí a nivel neurológico. Tengo que caminar con muleta porque me falta el equilibrio, me voy para los lados muchas veces y me caigo. Y una de las cosas que más me asustó es que me olvidé de escribir. Me di cuenta cuando quise escribir una nota a mi marido y me quedé clavada, no sabía hacerlo”. Ante la falta de ayudas para su rehabilitación, Begoña se puso manos a la obra, empezó a copiar textos de libros y se compró las cartillas Rubio de toda la vida. Ahora escribe, pero más despacio y en mayúsculas. También se preocupa de ejercitar la memoria intentando aprenderse textos. Explica que no volvió a viajar, porque “para quedarme sentada en un banco mirando, prefiero ir a Samil”.
La infección le cambió totalmente la vida, lo que parecía un catarro se transformó en covid persistente. “Yo era una persona normal, que salía, bailaba, paseaba a los perros y ahora no puedo andar cien metros sin una muleta porque me caigo. Me convertí en una anciana. Me dieron pastillas para el dolor y me mandaron a psiquiatría porque tenía insomnio y con el bajón que tuve también sufrí una depresión como un mundo”. Después decidió ir a un psiquiatra privado que le recomendó hacer algo que le gustase y se apuntó a una actividad que le apetecía desde hacía tiempo y que le hace feliz, va a clases de pandereta una vez a la semana. “Si me dejo, la mayoría de los días no me levanto de cama. Hay que tener fuerza de voluntad y mucho empeño, y tengo el apoyo de la familia".
“Pedimos que nos tomen en serio, que no nos abandonen”
Begoña Castro reclama que les tomen más en serio y asegura que se sienten un poco abandonados. Ella forma parte de la asociación gallega de covid persistente y pide en línea con esta entidad que hay unidades multidisciplinares en los hospitales gallegos dedicados a esta dolencia. “Tenemos tantos síntomas que necesitamos a alguien que nos haga un seguimiento. Yo estoy preguntando ahora en la asociación si saben algo de la retracción de las encías”. Por otro lado, considera necesario que haya un mayor esfuerzo en la investigación de la enfermedad.
Fernández Villar: “No vemos casos nuevos de long covid, siguen sin terapia específica”
El jefe de Neumología del Cunqueiro, Alberto Fernández Villar, explica que a día de hoy el covid se puede considerar como una enfermedad respiratoria en general leve, salvo en algún paciente inmunodeprimido. Otra cosa es el covid persistente, una enfermedad que “sigue siendo muy huérfana”.
El Cunqueiro fue pionero al inicio de la pandemia en Galicia al abrir una unidad poscovid en abril de 2020 cuando no imaginaban que atenderían a un volumen importante de pacientes con covid persistente que se vieron en las primeras olas de la pandemia. La unidad se había creado para ver a pacientes que habían estado hospitalizados, para hacerles un seguimiento después de una infección grave y estudiar las secuelas. Fue entonces cuando apareció este síndrome, se encontraron que en un 10% de los pacientes persistía la enfermedad, presentaban síntomas tres o cuatro meses después de la infección y vieron también que incluso con un covid leve había personas que se encontraban mal mucho tiempo después de infectarse. Tras esas primeras olas de la pandemia ya no se volvieron a diagnosticar casos de covid persistente.
A día de hoy esta consulta poscovid sigue abierta en el Cunqueiro con la participación de Interna y Neumología, aunque no hay casos nuevos y les derivan pocos pacientes. Pasaron de los 20 o 30 paciente a la semana al principio de la pandemia a casos contados. La próxima semana hay dos personas citadas. Una de las funciones era derivar a los pacientes a la especialidad que podía mejorar sus síntomas.
Tras la iniciativa del Cunqueiro en los orígenes de la pandemia, el Sergas había creado unidades multidisciplinares con internistas, neumólogos, enfermeros y el apoyo de otras especialidades en distintas áreas sanitarias. La de Ourense se mantiene y es todavía un referente.
El neumólogo vigués reconoce que no se conocen las causas del covid persistente y por tanto es muy difícil encontrar una cura. En su opinión, “es probable que no sea una sola enfermedad sino varios tipos de entidades diferentes que produce la infección”. La investigación no ha logrado todavía una terapia específica. “Entiendo que se sientan desesperados, porque nadie les puede dar una solución que no sea tratar los síntomas”.
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