Joan Enric Vives Sicilia: “Le pedimos al Cristo la Victoria ante dificultades como acoger a los inmigrantes”
Desde el pasado 24 de julio, y durante nueve días, la Concatedral-Basílica de Santa María (Colegiata) acoge la novena, cuya misa vespertina está siendo predicada por Joan Enric Vives (Barcelona, 1949), arzobispo emérito de Urgell
Vigo encara la recta final de los preparativos de la multitudinaria procesión del Cristo da Vitoria, el próximo día 2, primer domingo de agosto. Desde el pasado 24 de julio, y durante nueve días, la Concatedral-Basílica de Santa María (Colegiata) acoge la novena, cuya misa vespertina está siendo predicada por Joan Enric Vives (Barcelona, 1949), arzobispo emérito de Urgell.
¿Qué significado tiene para usted participar como predicador en Vigo?
La oportunidad que me han prestado al pedirme la predicación de la novena del Santísimo Cristo de la Victoria me ha permitido conocer esta bella historia y esta gran cofradía que hay en la ciudad y que va más allá de Vigo, ya que me hablan de que es masiva la asistencia, especialmente a la procesión y al final de la novena. Para mí es un honor.
¿En qué va a centrar su predicación?
La predicación versa sobre poder recoger los mensajes más esenciales que nos ha dejado el papa León XIV en su viaje reciente a España, para darle actualidad y hacer ver que aquello que le pedimos a Cristo este año –que acoja, proteja y sostenga a todas las familias y ciudadanos y devotos de Vigo– también recoja su mensaje tan bello y vital.
¿Cuál es ese mensaje?
Quiero acercar, con mi predicación, el amor a Cristo crucificado que nos dio la victoria en el siglo XIX. Ahora lo que pedimos es la victoria ante otras dificultades de la vida, de nuestros problemas, nuestras enfermedades, nuestros vicios y pecados, de nuestra dificultad para acoger a los inmigrantes o para ayudar a las familias necesitadas. Todo eso le pedimos a Cristo. Yo intentaré que los vigueses y las viguesas entren en un camino de conversión, de mejora, de mayor amor a Dios y de mayor amor al prójimo. Me ha gustado mucho saber que aquí no miramos pasar a las imágenes, como en otras procesiones, sino que en Vigo todo el pueblo camina con el Señor, lo acompaña a lo largo de sus calles y plazas y esto es una característica muy hermosa, muy bonita. Caminamos y Cristo nos acompaña aunque nosotros pensemos que somos nosotros los que le acompañamos a él. Es él quien nos acompaña a nosotros.
Este pasado sábado aprovechó su visita en Galicia para participar en los actos del Apóstol en Santiago. ¿Cómo lo ha vivido?
Santiago es el patrón de todos los pueblos de España y también en Cataluña hay una gran devoción por el Apóstol. Para mí ha sido también un honor y un gozo muy grande poder participar en este mismo día de su fiesta, con la gran solemnidad con que se celebra en Compostela, con las autoridades y unidos concelebrando con el arzobispo don Francisco José Prieto y los otros concelebrantes, los canónigos, sacerdotes, religiosos, etc. y tantísimos peregrinos. Para mí fue un honor y al mismo tiempo, un poder conocer la tradición del amor al Apóstol más de cerca.
Hablando de peregrinos, también pasa el Camino de Santiago por Vigo, no sé si le han informado.
Sí, lo sé, desde el sur, desde Portugal, supongo. ¿Es el de la Plata?
No, este es el Camino Portugués de la Costa.
¡Pues claro! Es que el Camino de Santiago atrajo en la historia a tantísimos peregrinos de toda Europa. Es un camino que ha marcado también la cultura de los europeos. Viajando, peregrinando, acercándonos a la tumba del Apóstol se fue consolidando una importante conciencia europea, algo que se debe convenir actualmente de renovar, de restaurar. Nos conviene a Europa tomar conciencia de que fuimos un contienente donde se vivieron y se promulgaron los derechos de la persona humana. Esos derechos inalienables tenemos que promoverlos y defenderlos. Europa está llamada a no perder sus raíces de la fe cristiana, que la marcaron y la hicieron. El Camino de Santiago nos llama a caminar unidos, sinodalmente nos pedía el papa Francisco, y no solo dentro de la Iglesia sino también en el sentido cultural y social. Nos conviene dejar de poner trincheras, de mirarnos con recelo y de considerarnos enemigos; a todos, desde el diálogo, la franqueza, el amor y el respeto, buscar lo que es común a la comunidad europea y a la humanidad. El papa nos lo ha recordado y es un ideal europeo muy bello.
Usted ha sido, desde 2003 y hasta 2025, obispo titular de Urgell y, por tanto, copríncipe de Andorra. ¿Cómo han sido esos años, compartiendo cargo con los presidentes franceses Chirac, Sarkozy, Hollande y Macron?
Es una circunstancia única en el mundo, porque somos el único país, un pequeño país como es Andorra, que tiene desde el siglo XIII, como jefes de Estado, primero al conde de Foix y al obispo de Urgell. Ellos hicieron un pacto, en 1278, lo que llaman pareatges, por el que los dos serían los copríncipes. Desde entonces se ha mantenido invariable, aunque es verdad que en 1993 se hizo una constitución democrática por la que el pueblo es el que ostenta la soberanía, pero sus jefes de Estado, así lo quisieron los andorranos en su referéndum, seguían siendo el copríncipe episcopal, que es el obispo de Urgell, y el copríncipe francés, que es presidente de la República Francesa. Así lo he hecho durante 22 años, de los 25 que ya llevo en la Seo D'Urgell, donde fui coadjuntor dos años. Ha sido para mí un gran honor servir a aquel pequeño país. Desde un obispo parece raro, una anomalía política, pero no lo es si se mira desde una perspectiva pastoral. Yo quiero el bien de todos los ciudadanos de Andorra y esa era mi misión.
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