La investigación descartó pruebas clave antes de cerrar el ‘caso Déborah’
El crimen de Déborah, al descubierto
La Policía no rastreó el listado de Tráfico con las furgonetas tipo C-15 operativas en 2002 (un vehículo citado por varios testigos), ni el de las compras de flores por los ramos aparecidos en la cuneta de O Rosal y en el tanatorio
El juzgado ha dado un nuevo carpetazo a la investigación sobre la desaparición y muerte de Déborah Fernández, la joven viguesa cuyo cadáver apareció en una cuneta en 2002 al declarar hace unos días la firmeza del auto sobre el archivo provisional de la causa. Entendía la instructora que no se habían podido reunir indicioscontundentes para hacer una imputación verosímil de un hecho delictivo concreto al investigado.
La intención, según se constata en las múltiples prórrogas judiciales que se han ido concediendo a dicha causa a lo largo de los últimos cinco años, era la de “agotar todas las vías de investigación”, sin embargo, varias de las nuevas pistas aportadas con la reapertura quedaron pendientes de seguimiento o simplemente se desecharon.
Atlántico ha tenido acceso a la documentación que demuestra cómo se dejaron por el camino algunas de las diligencias solicitadas y aportadas a lo largo de esta última etapa.
Furgoneta blanca
Una de ellas fue la relación de las más de 2.000 furgonetas tipo C-15 de color blanco, en circulación en 2002 en toda la provincia, remitida por Tráfico y que no llegó a rastrearse a pesar de existir al menos una coincidencia posible.
Este vehículo aparece a lo largo de la causa en varias ocasiones. Uno de los testigos situó una furgoneta blanca el 1 de mayo (Déborah desaparició el 30 de abril) a unos 450 metros de donde se halló el cadáver, en una cuneta de la antigua C-550, concretamente en Portecelo (ORosal). Dicho testimonio apunta que vio cómo el vehículo subía por una pista forestal hasta su vivienda y después daba la vuelta a toda velocidad y, aunque era frecuente que los coches entraran por confusión, le extrañó el modo en que realizó la maniobra.
También se alude en otro testimonio anónimo de una llamada recibida por la Guardia Civil días después de la aparición del cadáver. Se hablaba de una C-15 blanca o similar estacionada en Samil sobre la hora en la que habría desaparecido Déborah. En ella habría un hombre y una mujer que podría ser la joven de Alcabre que después salió y se introdujo con alguien en otro coche. La matrícula fue identificada.
Pero la pista definitiva que llevó a solicitar el registro a Tráfico llegó con la declaración que situaba una furgoneta en O Vao el día de la desaparición. Una persona aseguraba haber visto cómo alguien introducía unas piernas de mujer en el vehículo. Este testimonio derivó en el interrogatorio de un individuo sobre el que el cribado de ADN había aportado alguna coincidencia, que finalmente se descartó por ser muy común, y que acabó en una petición de colaboración ciudadana para identificar el logotipo de una empresa. Quedó en vía muerta sin incidir más en ello.
Ramos de flores
La familia había aportado en su momento información sobre dos ramos de flores, uno de orquídeas que fue enviado al tanatorio de forma anónima el día del entierro de Déborah y otro de rosas rojas en un jarrón colocado en el lugar donde apareció el cuerpo en el segundo aniversario de la muerte de la joven. Este se recogió y se tomaron huellas, también en una primera fase de la instrucción se recabó toda la información sobre las personas que hicieron compras en floristerías en esas fechas con tarjeta, una ardua tarea que requirió incluso una comisión rogatoria a Portugal. En 2019, se incidió en esta pista, en el cotejo de huellas y en una lista que tardó en conseguirse pero a la que no se le sacó rendimiento.
Dos de las nuevas informaciones aportadas y por las que se reabrió la causa tampoco fueron utilizadas para tirar del hilo. Una de ellas fue el testimonio de dos antiguas empleadas de un videoclub en Coruxo que aportaban un testimonio tan clave como para hacer que el juzgado desempolvara la causa, pero que fue minusvalorado por el último grupo policial, porque no le dio suficiente credibilidad y porque en todo caso “no entrañaría un avance cualiativo" en la investigación.
Un videoclub ‘fantasma’, entre más de cuarenta revisados
Aunque la Policía no dio especial importancia a la versión aportada por estos dos nuevos testigos en 2019, lo cierto es que situarían a Déborah en otro punto distinto al que supuestamente fue vista por última vez, en la curva del matadero y lo que es más importante, llevándose la película ‘Amelie’ de un videoclub ajeno al suyo pero del que eran socios su prima y su exnovio.
El informe aportado por el grupo investigador que retomó el caso refleja el testimonio de dos antiguas empleadas que aseguraron que Déborah alquiló la película el día de su desaparición. La reconocieron porque la conocían de ir con su prima y describieron la ropa que llevaba. Precisamente la joven había comentado que ese día tenía intención de quedarse en casa viendo ‘Amelie’.
La Policía en su momento revisó una lista de más de 40 videoclubes para comprobar quién alquiló esa película ese día. Curiosamente, en la lista no había información sobre el establecimiento citado. Algo que los agentes interpretan como que nadie alquiló la película, remitiéndose además al informe de 2002 sobre las gestiones en dicho videoclub. En ese momento, la Policía solo preguntó por el exnovio pero no por Déborah.
Análisis de un arcón y fibras destruidas
La aparición de un arcón congelador que perteneció al exnovio fue motivo de investigación en la reapertura de la causa. Se recogieron dos fibras y cuatro pelos, estos últimos no dieron coincidencia genética con Déborah. Respecto a las fibras, una de lana transparente, otra de color azul verdoso y una acrílica de color negro no pudieron cotejarse con las recogidas en el escenario del crimen, al haber sido destruidas.
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