Drake, el terror de las Cíes y de Vigo

Islas Cíes

Las Cíes fueron utilizadas como lugar de reposo, avituallamiento y de provisión de agua y leña por diferentes flotas y naves enemigas, tanto berberiscas como del norte de Europa, esto fue causa directa de la total despoblación de aquellas situadas en el exterior de las rías.

Una ilustración de la llegada del pirata y sir inglés Drake a las costas de Vigo para matar y robar.

La primera noticia de uno de estos ataques en época moderna llega a mediados del siglo XVI, con el famoso pirata -y caballero británico- Francis Drake, como explican el especialista en arqueología subacutática Miguel San Claudio en colaboración con Raúl González Gallego en un estudio para el Parque Nacional Islas Atlánticas.

Coinciden en que Drake fue el más famoso visitante habitual de Cíes, pero no como visitante sino con fines bélicos. En su primera llegada, en 1585, las islas ya estaban deshabitadas debido a los constantes asaltos sufridos sin posibilidades de defensa. Drake, a la sazón un pirata – España estaba nominalmente en paz con Inglaterra – forjó su fama en el asalto de poblaciones desguarnecidas o con fuerzas manifiestamente inferiores. Pero aunque la historiografía británica lo ensalza (por su papel en la Invencible), en realidad no le fue nada bien y acabó de derrota en derrota. Ese año, 1585, cuando pretendía tomar al asalto Baiona, tuvo que retirarse ante la defensa de su población y debió contentarse con maltratar algunos monjes y quemar el convento de San Esteban. Tras la retirada y ante la amenaza de temporal, penetra en la ría de Vigo e intenta el asalto de la villa, pero vuelve a cosechar un nuevo fracaso y debió retirarse.

Una vez nombrado Sir por la reina Isabel, Drake visitó de nuevo Cíes en mayo de 1589, esta vez tras haber sido vapuleado y derrotado en Coruña y antes de ser obligado, una vez más a retirarse, en esta ocasión ante Lisboa, donde pretendía lavar su derrota. Entró nuevamente, en junio. Venía de sufrir una humillante derrota ante Lisboa donde las armas españolas habían desbaratado el desembarco de una fuerza expedicionaria que pretendía poner en el trono al prior de Crato, frente al rey legítimo que en ese momento era el propio Felipe II. La flota la comandaba Francis Drake, mudado de pirata en almirante, y las tropas estaban bajo del mando de John Norris. El intento ante Lisboa fue un fracaso rotundo. Las fuerzas inglesas, entre 11.000 y 17.000 hombres, no eran enemigo para la infantería y caballería españolas que las fueron diezmando a medida que progresaban lentamente hacia la capital portuguesa. La flota de galeras del Tajo, al mando de Alonso de Bazán, atacó y hostigó, sobre todo a la infantería y a la escuadra inglesa, que tuvo que reembarcar a los supervivientes y buscar parajes más acogedores.

Aun tras la retirada, con la flota enemiga de más de 200 naves, fue objeto de hostigamiento por parte de únicamente siete galeras que echaron a pique o incendiaron cuatro grandes navíos, un patache y una lancha. En total los ingleses hubieron de lamentar la pérdida de 700 hombres, 130 prisioneros y el resto muertos; por dos muertos y 10 heridos entre los españoles, en un combate que se prologó desde el amanecer hasta dos horas después del mediodía. También se liberararon las presas que los ingleses habían hecho de buques pesqueros y comerciales españoles, portugueses y neutrales.

La flota inglesa, desde Lisboa, se dirigió entonces hacia las islas Azores, con objeto de establecerse en ellas y utilizarlas como base contra el tráfico trasatlántico español. Pero ni siquiera fueron capaces de tomar este archipiélago, por lo que derrotados, esta vez por el mar, se refugiaron de nuevo en Cíes. Desde allí, cuentan los dos historiadores en el trabajo para el Parque Nacional, hicieron lo único de lo que fueron capaces, saquear la indefensa villa de Vigo, hasta que las tropas de refuerzo enviadas desde Portugal los hizo retirarse una vez más.

Los historiadores destacan la brutalidad de Drake y sus piratas/caballeros. “Vigo fue tomado en el verano de 1589 sin resistencia y saqueado sin respetar sexo ni edad. Los ingleses quemaron la iglesia mayor y se llevaron las campanas de iglesias y monasterios”, indican. Las únicas víctimas españolas del ataque fueron dos mujeres, lo que deja bien a las claras las intenciones de los atacantes y su impotencia. Mientras sus tropas no pudieron vencer frente a tropas profesionales españolas, vieron su única oportunidad de victoria enfrentándose a un escaso número de paisanos y milicias locales mal armadas en el puerto de Vigo.

“Los ingleses robaron la plata y objetos de culto de las iglesias que no pudieron ponerse a salvo, además de destruir todas las imágenes y quemar la colegiata. Su furia iconoclasta llegó a raspar las pinturas de las iglesias. Desmontaron las cuatro campanas de la colegiata así como el reloj retirándolos como botín junto con el órgano. No contentos con ello, los enemigos quemaron alrededor de 270 de las mejores casas. Toda la rabia acumulada en su derrota la aplacaron sobre la pacífica Vigo”, aseguran en su estudio histórico.

Los alrededores de Vigo, principalmente Bouzas, sufrieron asimismo la furia inglesa, hasta que el paisanaje, viendo la indisciplina de la tropa comenzó a enfrentarse a la invasión. Tras el comienzo de la resistencia y la llegada de refuerzos, los ingleses se vieron obligados a reembarcar habiendo perdido numerosos hombres tanto durante el ataque como en la reacción española. Las fuentes hablan de unas 700 bajas entre los alrededor de 7.000 infantes desembarcados, cifras que habrá que tomar con cautela.

Aún habría un último capítulo en este drama cuando Drake envió un mensajero al señor de Salvatierra instándole a la liberación de los más de 200 prisioneros que se le habían hecho. Drake ofrecía como contraprestación abandonar la ría sin causar más daño. El de Salvatierra le contestó que no iba a hacer tal cosa pues su propósito era colgarlos a todos ellos en el castillo del Castro “…y que enviase más ingleses a tierra, y viniese él mismo, que lo mismo haría”. “Ni que decir que lo cumplió a la vista de la escuadra sin que ésta se atreviese a impedirlo”, señalan.

“Fue llamado cobarde, era un pirata de derrota en derrota"

Tras la expedición, sus propios generales acusaron a Drake de cobardía. En el ataque contra Lisboa se le llegó a tachar de cobarde tanto por Norris, general del ejército, como por el propio prior de Crato. No se movió de Cascaes, pese a los requerimientos a forzar el paso del Tajo y apoyar a las tropas empantanadas frente a las defensas de Lisboa. A Drake no le volverían a encomendar ningún mando hasta 5 años después, cayendo en cierto ostracismo. “Drake no era más que un afortunado corsario, pirata en otros períodos, acostumbrado a fáciles victorias por sorpresa contra enemigos desprevenidos o militarmente inferiores. Cuando estuvo al mando de verdaderas operaciones militares nunca dejó de cosechar fracasos, incluso frente a la flota de 1588, donde fue incapaz de impedir su progreso a través de toda la costa sur de Inglaterra, y retirándose inmediatamente en plena progresión para asegurar su botín”, señalan San Claudio y González Gallego.

La flota derrotada acudió a refugiarse a Cíes con objeto de recomponerse antes de cruzar el golfo de Vizcaya. En la expedición perecieron entre 9.000 y 12.000 hombres, además de lamentar la pérdida de una veintena de buques. Tres de los cuales se perdieron por naufragio al abandonar la ría de Vigo y ser sorprendidos por un temporal. Tras abandonar Vigo, la flota, desperdigada y perdida toda disciplina, debió hacer frente al hostigamiento de la flotilla de Diego de Aramburu. Al llegar a su patria, las tropas supervivientes expandieron una epidemia y un motín ante la ausencia de pagas.

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