Pilar Falcón
La guerra que suena, la que es y la que vivimos
Estoy bastante de acuerdo con la propuesta del PP de limitar el número de Vigueses Distinguidos y medallas que se conceden cada año, 23 en esta edición, que ayer fue refrendada sin unanimidad por el pleno de la Corporación. Y la mayoría para asociaciones, entidades y grupos, cuando la idea original creo que era premiar a unas pocas personas individuales como norma y a colectivos como excepción. A este ritmo, todos los vigueses acabarán siendo distinguidos de una u otra forma, y si lo son todos, no es ninguno.
En cambio, discrepo por completo de la segunda propuesta del PP de premiar a personas ya fallecidas, un camino que conduce inevitablemente a la confusión y que en la edición 2026 ha incluido ya a tres difuntos designados por el gobierno local, a los que la oposición quería añadir dos más. Este año, el PP proponía también premiar a Olimpia Valencia, fallecida el pasado siglo, quien acaba de dar nombre a un centro sanitario moderno, con una estatua en la puerta. Sin duda, todo más que merecido, pero Vigueses Distinguidos no es el Día das Letras, que se concede de forma expresa a escritores tras haber pasado al menos diez años desde su fallecimiento. El BNG quería dar el título a Begoña Caamaño, a quien conocí, y a quien precisamente homenajea este año la Real Academia. Deslizándose por esa pendiente, el siguiente paso lógico será dar la medalla de Oro a Bernardo González del Valle “Cachamuiña”, fallecido hace 180 años a resultas de sus heridas en la toma de la villa de Vigo, de la que fue gobernador durante un breve espacio de tiempo. Y por supuesto a Martin Codax, que colocó a Vigo en el mapa en el Medievo. Vigueses Distinguidos premian a un pequeño grupo de personas en vida, un homenaje de la ciudad a quienes hicieron que Vigo sea mejor. No una celebración póstuma de sus méritos. Así debería ser, al menos.
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