El darwinismo que llegó a las Cíes

Hace 6.000 años no existían las islas y desde entonces la fauna aislada ha ido adaptándose al medio siguiendo las reglas de la evolución, según confirma un estudio del Centro Nacional de Información Geográfica

Los acantilados de la costa occidental de las Islas Cíes.
Los acantilados de la costa occidental de las Islas Cíes.

Hace tan solo 10.000 años la Ría de Vigo no existía y por tanto, tampoco las Cíes. Lo que hoy son Monteagudo o Monte Faro eran tan solo los picos más elevados del valle del Verdugo, que se estaba anegando con rapidez desde hacía siglos tras el final de la Edad de Hielo, que elevó unos 50 metros el nivel de los mares. Y provocó la inundación, especialmente hace 6.000 años, con un ritmo en ocasiones de cinco metros anuales de crecimiento. Un fenómeno similar se ha constatado en otros puntos del mundo, como en el Mar Negro, un lago con población que desapareció con el desbordamiento del Mediterráneo hace 6.000 años, formando unas cataratas espectaculares tras el actual Bósforo. En lo que hoy es la Ría, el territorio que se estaba quedando rodeado de agua contaba con su propia fauna, que en un proceso relativamente corto se quedó aislada y comenzó a prosperar por su cuenta, adaptándose al medio. Eso fue durante el Paleolítico, así que es posible pensar en que hubo “vigueses” que llegaron a conocer aquel mundo, tan distinto que hoy resultaría irreconocible.

La evolución de las Cíes.
La evolución de las Cíes.

Esta es una de las conclusiones de la última colaboración del Parque Nacional Islas Atlánticas con el Centro Nacional de Información Geográfica (CNIG), que ha dejado como resultado una página repleta de documentación e información relativa a las islas atlánticas. Entre ellas, la adaptación clasicamente darwiniana de parte de la fauna de las islas como reusltado de su aislamiento.

En concreto, destaca el CNIG que en las Islas Atlánticas de Galicia, ciertas especies de fauna terrestre presentan curiosas adaptaciones como respuesta evolutiva a su aislamiento del continente, y a la presencia de diferentes microclimas desarrollados con el paso del tiempo en cada isla e islote. Otros factores, como la disponibilidad de agua, también determinaron la variación en el número de especies, que cambia incluso dentro del mismo archipiélago.

Según indica el centro geográfico, el caso de anfibios y reptiles merece una atención especial y así aparece reflejado en el documento que ya está a disposición de los interesados. Escasos en comparación con las costas continentales cercanas, menos de 10.000 años de aislamiento insular -el tiempo de formación de las islas, tan jóvenes que resulta llamativo, apenas unos minutos en tiempos geológicos, que se miden por eones- han derivado en adaptaciones de gran interés. Puro darwinismo, como los pinzones de las islas Galápagos.

Destaca que un buen ejemplo es la distribución de la salamandra común. Es muy abundante en el archipiélago de Ons, pero escasea en Cíes y no está presente en Cortegada y Sávora. En Ons presenta cambios con respecto al patrón cromático habitual en la especie, con una mayor dominancia del color negro, es decir, un mayor grado de melanismo. También muestran escasez de manchas amarillas y cierta tendencia a presentar colores rojizos en la cabeza.

También llama la atención y así se recoge en el informe del Parque Nacional, que los reptiles de distribución mediterránea están aquí representados por el lagarto ocelado, el lagarto más grande de Europa, muy esquivo y escaso, pero presente. Un reciente descubrimiento científico ha confirmado que en Sálvora habita una subespecie propia, una joya más que añadir al inventario de endemismos del Parque Nacional.

Las aves marinas y el misterio de la creciente mortandad de las gaviotas

Las Islas Atlánticas, según destaca en otro apartado el mismo estudio, acogen singulares especies de aves marinas que nidifican, se alimentan o buscan refugio en los acantilados del Parque Nacional. Destacan por su número las colonias de cría de gaviota patiamarilla -cuyo número se ha reducido de forma alarmante- y cormorán moñudo, muy importantes a nivel mundial. Más de 16.500 parejas de gaviotas patiamarillas se reproducen entre los cuatro archipiélagos, pero hace veinte años eran más de 40.000. El Parque reduce la cifra en Cíes a apenas 6.000 aunque las causas de la mortandad de esta especie, y otras marinas, continúa siendo una incógnita. La colonia de Cíes era de las mayores del mundo. El especialista del Parque Nacional Vicente Piorno maneja cifras más alarmantes. “Teníamos 30.000 parejas, ahora 6.000, en 20 años se han reducido a una quinta parte, incluso se ha planteado solicitar la declaración de especie amenazada, hay propuestas “pero no todavía” precisa. Según indicaron fuentes del Parque Nacional, en los primeros análisis realizados en aves presentes en Cíes, Ons y Sálvora no se detectó botulismo ni presencia de toxinas de procedencia de microalgas, las causas que se consideraban más probable en la rápida disminución de la especie. “Es pronto para descartar cualquier hipótesis y por eso se está trabajando y buscando sinergias entre administraciones en la dirección señalada”, indicaron.

La crisis de las gaviotas no ha afectado, o al menos no de la misma manera a otras aves. En el Parque se han censado unas 800 parejas reproductoras de cormorán moñudo, que suponen el 80 por ciento de la población del área cántabro-atlántica, donde se concentran las dos terceras partes de los ejemplares ibéricos. Otras aves marinas que crían en el Parque son la gaviota sombría y el paíño europeo. La abundancia de organismos marinos hace posible que estas especies encuentren alimento durante la reproducción, y que otras muchas hagan escala en las Islas Atlanticas durante sus pasos migratorios, o las elijan como área de invernada. Entre ellas, el cormorán grande, el Alcatraz Europeo, el charrán patinegro, la pardela balear, y en menor número, el alca común y arao común, antaño nidificante en las islas.

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