El Cunqueiro trata con bótox a 320 pacientes con migraña

Sanidad

Está indicado únicamente en pacientes que tienen un diagnóstico de migraña crónica que no hayan tenido respuesta a dos o más tratamientos preventivos orales convencionales

La coordinadora de la consulta de cefaleas, María Dolores García Bargo.
La coordinadora de la consulta de cefaleas, María Dolores García Bargo. | J.V. Landín

El Cunqueiro trata con toxina botulínica (bótox) a unos 320 pacientes con migraña crónica, según explican desde la consulta monográfica de cefalea del hospital que es atendida por los neurólogos María Dolores García Bargo y Luis Manuel López Díaz.

Es una medida que está indicada únicamente en pacientes que tienen un diagnóstico de migraña crónica que no hayan tenido respuesta a dos o más tratamientos preventivos orales convencionales.

Señalan que la toxina botulínica también se utiliza en otras patologías, como blefaroespasmo, espasmo hemifacial, distonía cervical, espasticidad y en otras patologías no neurológicas como hiperhidrosis y algún tipo de incontinencia urinaria.

Los candidatos se someten a este tratamiento cada tres meses, que es también el tiempo estimado de duración de sus efectos.

Sobre las zonas en las que se puede emplear el bótox en caso de migraña, hay 31 puntos de infiltración siguiendo un esquema de aplicación determinado, que incluye puntos a nivel frontal, occipital, cervical y en trapecios. Es un tratamiento que se realiza en la consulta y que no precisa hospitalización.

Preguntada por su eficacia, la neuróloga María Dolores García Bargo explica que está en torno al 70%. En la mayoría de los casos es necesario aplicarla cada 3 meses y a largo plazo, en algunos pacientes con muy buena respuesta, se puede espaciar e ir aplicando el tratamiento cada 4, 5 o incluso 6 meses. Advierte también que no es una respuesta a corto plazo y tampoco es un tratamiento inmediato. Algunos pacientes no notan respuesta hasta la segunda infiltración (pasados los 3 meses).

Durante la crisis de migraña se liberan neuropéptidos que tienen un papel importante en su génesis. La doctora señala que “cuando se empezó a utilizar la toxina botulínica en migraña no se sabía muy bien cuál era el mecanismo. Ahora sabemos que produce un bloqueo en la liberación de estos neuropéptidos en las fibras que transmiten el dolor y de esa forma consigue mejorar la frecuencia e intensidad de las migrañas”.

Un poco de historia

La primera vez que se utilizó la toxina botulínica en humanos fue en 1980 para tratamiento del estrabismo. En 1994 se aprobó en Europa para el tratamiento del blefaroespasmo y espasmo hemifacial. Posteriormente, se observó que en pacientes tratados con toxina botulínica para el blefaroespasmo que padecían migraña experimentaban mejoría de esta cefalea. Entonces se hizo un ensayo sobre el uso de la toxina en cefaleas y en 2010 se demostró la eficacia de la toxina botulínica en pacientes con migraña crónica.

Finalmente, es autorizada en España en enero de 2012 para el tratamiento de pacientes con migraña crónica que han fallado a dos o más tratamientos preventivos.

La migraña se clasifica por su frecuencia. Puede ser episódica, que es la más frecuente, y se da en pacientes que tienen entre 1 y14 días de migraña al mes). Luego está la crónica, que se produce en personas que tienen 15 o más días de cefalea al mes, de los cuales al menos 8 cumplen criterios de migraña.

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