Benjamín Estévez: “La Iglesia con mayúsculas está en todo, tanto en nuestra procesión como en el propio Vaticano”
Secretario de Economía del Vaticano, encargado de leer este sábado el pregón del Cristo da Victoria
Benjamín Estévez de Cominges (Vigo, 1974) será el encargado de leer el pregón del Cristo da Victoria este sábado en Castrelos. Número dos de la Secretaría para la Economía del Vaticano desde 2014, pasa unas semanas de desconexión con su familia en Nigrán, convencido que aquí es donde hay una verdadera calidad de vida, “aún trabajando, se disfruta de una sensación de verano que no se encuentra ni en Madrid, ni en Roma”. Ingeniero superior de Telecomunicaciones, graduado en Economía y en Administración y Dirección de Empresas, se reconoce muy emocionado ante la invitación de la Cofradía, tal y como afirmó a Atlántico.
¿Qué relación tiene con el Cristo da Victoria?
Como para cualquier vigués, en mayor o en menor medida sea católico o no, el Cristo es algo identitario que sentimos todos; como creyente tengo un vínculo religioso. Además a nivel familiar, también tengo una relación personal, ya que mi madre fue cofrade hace años y una tía mía se llamaba Victoria en su honor. Por ello mi relación con el Cristo es triple, como vigués, como creyente y desde mi familia.
¿Cúal es el recuerdo más entrañable que guarda en relación a esta devoción?
El primer recuerdo que tengo es presenciar el Descendimiento. Cuando mi madre era cofrade íbamos a ese acto y siempre me pareció muy entrañable. En Roma, el día de la Inmaculada hacen algo parecido, los bomberos se acercan a su monumento, en la Plaza de España, y con la grúa le ponen un corona de flores. Es una ofrenda en las alturas con una emotividad similar.
Como pregonero del Cristo, ¿en qué aspectos hará hincapié?
Aún estoy dándole vueltas al pregón, estoy seguro de que al final tendré que entregarlo porque se me acabe el tiempo, no porque me sienta realmente satisfecho El primer tema será ofrecer una mirada espiritual y religiosa que tiene Cristo en este caso y en general. Por otra parte, también compartiré lo que significa para mí como vigués, así como la sorpresa y la responsabilidad que supuso la invitación a ser su pregonero. También hago una reflexión sobre la Iglesia universal, que yo trato de cerca a través de su gestión, no tiene sentido sin actos locales de devoción como este. Y para acabar hago un agradecimiento general por esta oportunidad.
Precisamente, ¿qué supone para un creyente de base como usted conocer los entresijos de la Iglesia con mayúsculas?
Yo creo que la Iglesias con mayúsculas está en todo y la forman tanto los pequeños destalles como las expresiones locales de fe como nuestra procesión, como en el propio Vaticano. Antes de llegar allí, la verdad es que no me imaginaba su grandiosidad. Al final me acostumbré, pero abruma un poco entre Roma, toda su belleza y su arte. Es algo tan especial que ni lo imaginaba. Además, yo viví un momento histórico, que fue el cambio de papa, entre la pena de despedir al Papa Francisco y la alegría que recibir a León XIV. Pero con todo, no es más Iglesia que lo que se vive aquí.
De hecho, llegó al Vaticano de la mano del Papa Francisco del que se dice fue un revolucionario. ¿Fue tan revulsivo?
Francisco fue un pontífice reformista en muchísimos aspectos. Me resulta complicado opinar en temas de doctrina, pero sí puedo desde el punto de vista económico. Asumió con toda la dificultad que implica una reforma de Estado, pasando de un sistema tradicional a otro basado en la transparencia, en la ética y más profesional. Es una reforma larga que comenzó con un grupo de expertos en 2013 que trazó las líneas a seguir y aún continúa. La sensación es que León XIV mantendrá la misma dirección.
¿Impacta estar tan cercano al poder?
Es verdad, pero el poder de la Iglesia es blando, incluso el económico. Lo que tiene es una gran influencia en el mundo y en la geopolítica que puede ser usado para el bien, como dijo León XIV, ‘para la búsqueda de la paz y la concordia de los pueblos’, sobre todo ahora con esta tendencia a la conflictividad. El papa quiere un mundo mejor para la siguiente generación. Mis hijos mayores tienen 10 años y como padre me produce angustia el hecho de que nadie me pueda asegurar que cuando crezcan no tengan que ir a una guerra, un temor que en mi juventud no había. Creo que la iglesia hace una gran labor en ese terreno.
¿Es rica la Iglesia?
Desde el punto de vista económico, claramente no. Tiene un gran patrimonio que debe saber gestionar para poder hacer su misión. Las finanzas del Vaticano son comparables a las de una mediana-gran empresa. Su fuerza no viene de lo económico, sino de sus valores y la capacidad de diálogo e influencia.
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