Los Sanjurjo, cuatro generaciones de vínculo con el Cristo

Manuel Sanjurjo recibirá el título honorífico de la Cofradía de manos de su sobrino, el cofrade carrero, Carlos Borrás y de la cofrade mayor, Marora Martín-Caloto

Manuel Sanjurjo, con su sobrino Carlos Borrás en la procesión.
Manuel Sanjurjo, con su sobrino Carlos Borrás en la procesión. | JV Landín

“Mi vinculación con el Cristo da Victoria viene de familia, la carroza se hizo en el taller de mi padre en 1953, cuando yo tenía 12 años y aún recuerdo las pruebas”. Manuel Sanjurjo recibirá este viernes a sus 80 años un reconocimiento por parte de la Cofradía por su entrega y devoción. Ayer, recordó para Atlántico cómo se involucró activamente en la procesión, llegando a ser cofrade carrero más de 30 años. “Tomé el relevo de mi padre cuando lo tuvieron que operar del corazón, si hubiese seguido guiando el carro, posiblemente habría muerto. Fue un trabajo enorme, pero que me provocó una gran satisfacción”.

Su padre, legionario, llevaba a sus compañeros debajo del carro, algo que cambió Manuel cuando tomó el relevo: “Yo llevé a mi gente, a mis dos sobrinos, a mis dos personas de confianza de la fábrica y a mi amigo, compañero celtista, Carlos Fontán”. Se define como herrero de toda la vida y en su fundición de Coruxo, custodiaron el carro, cuyo mantenimiento corría a cargo de Miguel, el electricista de la fábrica. “A Fontán y a Alfonso Jorge les enseñé la maniobra de descenso del Cristo diseñada por mi padre, que durante las obras en la Concatedral, dejó una instalación para facilitar la bajada y que parezca que desciende por la gracia divina”. Orgulloso de la ceremonia que traslada la imagen desde el altar a la nave, afirma que fue idea suya, “sin falsa modestia, yo le di el auge que la convirtió en un acto muy bonito, en la que parece que el Cristo va por el aire y que cada vez cuenta con más gente”.

Su abuelo ya estaba vinculado a la Cofradía, pero el cofrade carrero es uno de los puestos de mayor responsabilidad en la procesión y que hasta ahora solo ocuparon primero su padre, después él y ahora su sobrino, Carlos Borrás. “La idea de hacer el carro fue de mi padre, porque antes, hace muchos años, la imagen era articulada y por Semana Santa se le bajaban los brazos para meterla en una urna para procesionar en el Santo Entierro. Ambas procesiones lo portaban a hombros y tanto trajín estropeó al Cristo, así que mi padre, que era un buen cristiano y buen mecánico, inventó el modo de que los brazos quedasen rígidos e hizo un carro con suspensión que los protegiese contra los baches”.

En sus más de tres décadas dirigiendo el paso del Cristo acumula anécdotas. Manuel Fraga, cuando estaba al frente de la Xunta, protagonizó uno de esos momentos inolvidables. “En un alarde político había venido a la procesión con el diputado Alberto Durán, y al acabar se acercó a mí don Manuel y me dijo: ‘Señor, tengo que darle la enhorabuena, es el hombre más envidiado por todos los políticos europeos, ya que es capaz de tener detrás suya a 200.000 cristianos, con un cirio en la mano y la cabeza gacha, diciéndolo amén”. Sanjurjo se ríe mientras recuerda la felicitación del presidente.

Está feliz con el reconocimiento que le prepara la Cofradía con la entrega del título de honorífico. “De alguna manera es un reconocimiento para toda la familia, yo soy lo que se llamaría un cristiano viejo, no soy fanático, ni pertenezco a ninguna congregación, yo solo soy del Cristo da Victoria”.

Considera que los Sanjurjo son como otras familias viguesas que sienten devoción por la imagen de la Concatedral. “Incluso a los menos creyentes les sale la vocación que aprendieron de pequeños durante la procesión”.

La tradición familiar continúa con su sobrino Carlos Borrás, que comenzó a los 17 años debajo del carro y ahora lo dirige como cofrade carrero. “Siempre tuvimos una relación muy cercana, vivimos en el mismo edificio y lo vi crecer y estudié con su padre en Jesuitas y en La Salle, éramos muy amigos. Con Carlos, el testigo está asegurado”.

Para su sobrino, uno de los que le entregará el título de cofrade honorífico, será muy especial. “Fue él quien me metió el gusanillo del Cristo y me precedió como carrero, sé la ilusión que le hace esta distinción”. Carlos Borrás destacó que le deben la preservación del carro. “La restauración que le hicimos después de la pandemia no habría sido posible sin su cuidado”.

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