Somnolencia e irritabilidad, riesgos del cambio de la hora

La modificación altera temporalmente la relación entre la hora oficial y el reloj biológico del organismo

El reloj de la Puerta del Sol de Madrid horas antes del cambio de hora del pasado año.
El reloj de la Puerta del Sol de Madrid horas antes del cambio de hora del pasado año. | Marta Fernández

El cambio de hora programado para la pasada madrugada, cuando a las 2 fueron las 3 horas, puede provocar “más somnolencia durante el día, dificultad para concentrarse o cierta irritabilidad”, según expuso la psicóloga de Blua de la compañía aseguradora Sanitas, Lucía Miranda Cortés.

“Muchas personas piensan que una hora no supone un cambio relevante, pero el cerebro necesita reorganizar sus ritmos internos”, explicó al respecto, tras lo que manifestó que “es habitual” notar sensaciones como las descritas. Este cambio altera de forma temporal la relación entre la hora oficial y el reloj biológico del organismo. La especialista recordó que el impacto puede variar según la calidad del sueño previa y el estilo de vida de cada persona.

De este modo, durante los primeros días, es frecuente que algunas personas tengan más dificultad para dormir, se levanten con sensación de cansancio o perciban que sus rutinas no encajan del todo con el nuevo horario. Ello es así porque el cuerpo funciona según ritmos circadianos, un sistema interno que organiza los periodos de sueño y de actividad a lo largo del día. Incluso pequeños cambios en la rutina diaria pueden amplificar estas sensaciones.

Así, la luz natural actúa como la señal principal que utiliza el cerebro para sincronizar los ciclos, por lo que, cuando el reloj se adelanta, ese sistema necesita un tiempo para ajustarse de nuevo. Hasta que la adaptación se completa, pueden aparecer somnolencia diurna, sensación de fatiga o dificultades para mantener la concentración. Por eso, la exposición al sol durante las horas de la mañana es especialmente recomendable.

Descanso nocturno

Además, desde Sanitas indicaron que este desfase afecta especialmente al descanso nocturno. Al adelantarse el horario, algunas personas deben levantarse cuando su organismo aún no completó el ciclo natural de sueño, y esa reducción del descanso puede traducirse en menor energía durante el día y en una mayor sensación de cansancio, lo que a su vez puede influir en el estado de ánimo o en la capacidad para mantener la atención en las tareas cotidianas. La especialista también señaló que la duración del sueño puede disminuir de forma ligera, aunque suficiente para generar efectos visibles en la actividad diaria.

No obstante, el impacto no es el mismo para toda la población, ya que puede verse agravado en quienes ya duermen pocas horas y en los adolescentes, cuyos ritmos biológicos tienden a retrasar de forma natural la hora de dormirse. Para los mayores, la adaptación puede ser más lenta ya que, “con el paso de los años, el sueño suele fragmentarse con mayor facilidad”, explicó la directora médica de Sanitas Mayores, la doctora Miriam Piqueras. Algunos adultos jóvenes también pueden experimentar efectos más intensos si trabajan en turnos nocturnos o rotativos.

En este colectivo, “el reloj biológico pierde parte de su capacidad para reajustarse rápidamente a cambios externos”, continuó, para agregar que “esto puede provocar que, durante algunos días, aparezcan despertares nocturnos, mayor cansancio matutino o sensación de desorientación en las rutinas habituales”. La doctora destacó que la paciencia y la constancia en los hábitos de sueño ayudan a reducir estas molestias.

Recomendaciones

  • Adelantar de forma progresiva la hora de acostarse y levantarse unos días antes del cambio horario.
  • Exponerse a la luz natural durante la mañana.
  • Evitar el uso de pantallas luminosas antes de dormir.
  • Mantener horarios regulares de comidas y actividad física.
  • Reducir el consumo de cafeína u otros estimulantes durante la tarde.
  • Realizar ejercicios de relajación antes de dormir para favorecer la conciliación del sueño.

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