Marcos M. Reboredo
El niño sigue jugando
Hay despedidas que no se anuncian de golpe. Se deslizan poco a poco, como la luz al final de una tarde de verano. La renovación de Iago Aspas deja precisamente esa sensación, la de estar aplazando algo inevitable. Cuando termine el próximo curso rozará los cuarenta años y, aun así, nadie en Vigo parece preparado para imaginar el Celta sin él.
El vídeo con el que el club comunicó su continuidad entiende perfectamente lo que significa Aspas. No necesita épica ni artificio, solo una escena cotidiana: una madre preparando la cena, un padre esperando en casa y un niño que sigue jugando al fútbol en la calle mientras anochece. “Vai xogar unha máis”. Ahí aparece la infancia de Iago, pero también la de tantos que crecieron viendo cómo el balón alargaba los días y retrasaba la hora de volver a casa.
Hay algo profundamente honesto en esa metáfora. El anuncio no habla únicamente del niño que fue Aspas, habla también del futbolista que es ahora, del ocaso de su carrera y del deseo colectivo de detener un poco el tiempo, de dejarlo jugar una más. El celtismo sabe que esta historia se acerca al final y necesita acostumbrarse lentamente a la idea.
Había motivos para seguir. Incluso desde un rol distinto, más dosificado y menos protagonista, Iago ha continuado siendo importante cada vez que salta al campo. Posee algo que no envejece: la capacidad de alterar un partido con un pase, un gesto o una intuición. Y el contexto invita a creer. El Celta volverá a Europa por segunda temporada consecutiva y cuesta resistirse a la imagen de Aspas levantando un título en su despedida. Sería un final demasiado perfecto como para no soñarlo, aunque su vínculo con el club está por encima de cualquier trofeo.
Dentro de un año llegará el momento del adiós. Balaídos, ya completamente reformado, llorará. Y él también. Mejor no pensarlo, todavía no toca mirar ahí. Aún quedan tardes en las que el estadio se levantará antes de que controle un balón, y goles y asistencias y gestos hasta que desaparezcan.
Por mucho que Claudio Giráldez promete nuevos amaneceres, por supuesto que sin Iago Aspas en Vigo hará mucho frío. Es un futbolista irrepetible no solo por lo que juega, sino por todo lo que representa. Su figura es imposible de separarla del escudo. Demasiados salvavidas a lo largo de los años. Tantos pases y goles inimaginables. Toda una vida compartida como para no pedirle unha máis.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último