Ramón Pastrana
Amity Island
A estas alturas, ya nada nos puede sorprender de Pedro Sánchez, pero rebasa todos los límites que desde la tribuna del Congreso de los Diputados nombre y descalifique a un periodista que ejerce el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la crítica, razonada y con datos, como es el caso del aludido. Ya nos hemos referido al hecho de que en la historia de España no haya habido ningún personaje que haya adobado repetidamente su discurso sobre dos bases: Su compromiso con la verdad “Como me enseñaron mis padres” y unos principios (morales) como rectores permanentes de sus actos, tan invocados para afirmar en la tribuna del Congreso que tales principios nunca le permitirían depender del voto independentista para llegar a la Moncloa o gobernar el país. Del mismo modo, adornó su discurso con figuras retóricas creativas, orladas de líneas rojas que nunca traspasaría. Cuando alguien miente de forma repetida deja de tener una respuesta emocional ante sus propias falsedades. Por eso, los neurólogos han llegado a la conclusión de que el cerebro de un mentiroso funciona de manera diferente: son mentes hábilmente entrenadas para ese fin. Y ahora esto.
Acaba de publicarse un libro del prestigioso periodista José Antonio Zarzalejos, titulado “La huella de Sánchez. El Régimen de 2019. Los años de la destrucción”. Es un texto documentado, preciso, riguroso en el análisis de los hechos y un preciso retrato de su personaje. Dice Zarzalejos que “la llegada de Pedro Sánchez al poder en 2018 inauguró un ciclo político que ha degradado al extremo el sistema constitucional nacido en 1978”. Pese a su brevedad el libro es demoledor, y sus efectos evidentes, ante los ataques que las plumas turiferarias del Sanchismo lo atacan desde su propia miseria, conscientes de la distancia sideral que los separa de Zarzalejos.
Jose Antonio Zarzalejos ofrece síntesis, el sanchismo se perfila como una avanzada hacia el abismo del camino que abriera Zapatero en la deconstrucción del Estado. Dice el autor que Sánchez, quien anuncia que va a levantar un muro (entre los españoles, ¿o dónde) comparte la estrategia del frentismo y los hechos alternativos sin atender a los limites institucionales o la lealtad debida a las leyes y a su espíritu. Y la cuestión dramática de la pobreza del precario personaje es que sostienen fuerzas nacionalistas y radicales que detestan de forma explícita a el compromiso histórico del PSOE con la Constitución y la monarquía parlamentaria. Sánchez ha culminado el giro de los socialistas, dice Zarzalejos hacia el “decisionismo del lider y la servidumbre voluntaria”. Al mismo tiempo, ha dado rienda suelta a la confrontación entre españoles, al embate contra el Poder Judicial y a la hostilidad hacia los medios de comunicación en un contexto de rebrote de la corrupción.
Ya hemos aludido aquí a los estudios de la doctora Tali Sharot, una profesora de neurociencia cognitiva del University College de Londres, sobre conductas como la de Pedro Sánchez, en el sentido de que este tipo de personajes están dotados de un sofisticado proceso de auto-entrenamiento donde acabar prescindiendo de toda emoción o sentimiento de culpa. Y el modo en que ridiculiza, no ya a los discrepantes, sino a los más próximos, es prueba de una perversión intelectual que denota esa personalidad que analiza la doctora Sharot y que han tenido otros personajes de la historia que no es preciso citar. Y el encargo mismo que traslada a Ábalos connota con la imagen de un capo dando órdenes a su escolta para que amedrente a quienes lo incomodan. Pero hay más, como ya dijera Cicerón y refería Churchil con humor, pero que ciertos sujetos son los que lo apoyan, jalean, alaban o siguen. La cuestión no es que Iker tenga audiencia, sino que Sánchez tenga seguidores.
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