Ramón Pastrana
Macronials
El portazo de Vox al PP en Extremadura anticipa el portazo de Vox al PP en Aragón (se está fraguando). Llegado el caso, al de Castilla y León primero y Andalucía después. Venderse muy caro es la respuesta de Abascal, con la ayuda del todavía presidente del Gobierno, contra el plan diseñado por Feijóo para tumbar al sanchismo en cuatro golpes.
O sea, que el aspirante ha hecho un pan de obleas. No esperaba el PP que, sin dejar de ser la fuerza mayoritaria en las cuatro autonomías, su luminosa idea acabase sirviendo para empoderar a la ultraderecha monitorizada por los teólogos de la Moncloa.
Resultado: se complica la gobernabilidad en los cuatro territorios porque Vox ha descubierto que le renta más esperar a las elecciones generales sin que estas le pillen gobernando.
La inestabilidad añadida al sistema es un efecto perverso de la estrategia de Feijóo. Y en eso es corresponsable el Gobierno y sus costaleros, que gritan a coro la llamada "alerta antifascista" sin ser conscientes - ¿o sí? - de que están alimentando la operación de engorde artificial del partido de Abascal solo por frenar la hegemonía demoscópica del PP.
Me permito poner en duda la sinceridad de los dirigentes de Vox cuando pregonan su deseo de gobernar con el PP antes de las generales, aunque necesitan justificar por qué piden el voto si luego no entran en los gobiernos. Alegan que no se atienden sus demandas después de pedir la luna. Pedir la luna es pretender que sus políticas de terceros en las urnas se impongan a la política de los primeros. Y eso no es posible salvo que el PP estuviera por ese cambio de papeles. No es el caso.
Hay una lógica que retrata a Vox. Su discurso contra el bipartidismo (PP y Vox son los mismos perros con distintos collares) es incompatible con el apareamiento de las dos derechas. La contradicción es evidente. Y si convenimos en que los territorios ingobernables constituyen un indeseable elemento de incertidumbre a escala nacional, convendremos también en que el PSOE, uno de los dos partidos centrales del sistema, debería hacer lo posible por evitarlo.
¿Cómo?
Aquí entra la doctrina del histórico dirigente socialista extremeño, Rodríguez Ibarra: abstenerse en la investidura del candidato del PP (candidata en su caso) a cambio de librarle de la dependencia de Vox. Si bien la propuesta está cargada de lógica, vemos cómo esa posibilidad no está ni se la espera en los cálculos del PSOE.
Lástima, porque ese "no es no" de los socialistas es incompatible con su discurso, que presenta a Vox como enemigo del pueblo. Entonces ¿por qué no le cierra el paso al poder institucional, aunque solo sea por desmentir a Abascal cuando dice que no hay diferencias entre Feijóo y Sánchez?
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