Alberto Barciela
El fracaso de las élites
Traspasado el ecuador de la visita del Papa León XIV a España, parece justo reconocer que estamos siendo testigos de un acontecimiento histórico cuya importancia traspasa las fronteras de un hecho puramente reducido al entorno de la iglesia católica para adquirir significados aún más universales e incluso todavía más trascendentes. Este baño de masas del que el pontífice norteamericano ha sido protagonista en Madrid y cuya intensidad distinguirá con plena seguridad el que se ha iniciado en Barcelona y que se encargará de poner aún más en ridículo los desatinos independentistas capitaneados por un fugado de la justicia refugiado como un ratón en Waterloo, es un ejemplo explícito y veraz de una situación universal que necesita urgentemente creer y que, ante la inoperante y desalentadora actividad de las clases dirigentes, se proclama necesitado de orientar su pensamiento por otros caminos y depositar en otras propuestas su esperanza. El Papá finalizará su apoteósica visita a nuestro país –al que afortunadamente ni representa ni caracteriza un payaso que ordena a sus fieles silbar al visitante y recibirlo con abucheos y banderas independentistas por no hablar en catalán- en el archipiélago canario recorriendo un agotador camino pleno de significado en el que nada se ha dejado al azar. León XIV, el andariego y curtido agustino de Chicago llamado Robert Prevost, que en los años ochenta recorrió España en furgoneta desayunando churros y alimentándose de latas de fabada y bocatas, no ha elegido nuestro país por casualidad para llevar al mundo un mensaje de significados profundos y veladas advertencias que invitan a meditar y auscultar las conciencias de los más poderosos. La inteligencia vaticana no da puntada sin hilo y necesitaba un lugar estratégico, última frontera del continente europeo con la dura realidad de África, para expresar con lenguaje ecuménico el significado de su profunda y meditada doctrina acompañada por una dura y espléndida admonición pronunciada en el templo de la razón y la democracia a unos dirigentes políticos que necesitan reaccionar para volver a cumplir con su obligación de servicio y recuperar el respeto de sus administrados. Esta visita será recordada.
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