Venganza sobre los muertos

Publicado: 23 ene 2026 - 04:25
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En esta etapa de incertidumbre ante el futuro han surgido en España entusiastas batallones de personas dispuestas a juzgar históricamente a los muertos. Desde luego, cuando el futuro es borroso, vacilante e inseguro, no hay nada más opuesto que volver la mirada al pasado, aunque no siempre las acciones de venganza sobre los muertos pueden cumplirse. Si hay un escritor conocido por su obra, y exaltador de su ciudad y su provincia, Cádiz, es José María Pemán.

No es extraño que le nombraran Hijo predilecto de Cádiz. Y lo fue hasta que, hace unos cinco años, los regidores del Ayuntamiento de Cádiz, descubrieron, o recordaron, que José María Pemán no era de izquierdas. Desasosegados por el descubrimiento, o dispuestos a curar de la incomodidad y la molestia que sufrían los habitantes de la ciudad, llegaron a un acuerdo para desposeerle del título, y quitar su nombre e imagen de toda la ciudad. Por cierto, en ABC escribió artículos brillantes y, entre ellos, una defensa del idioma catalán, al que calificó, en plena Dictadura de Franco, de "vaso de agua clara". También es cierto que nunca perteneció a UGT, ni tuvo carnet del Partido Comunista de España o del PSOE y, por si fuera poco, encima, era monárquico, cuando no existía la monarquía en España.

Sin embargo, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, atendiendo la reclamación de, su familia, ha declarado nulo el acuerdo municipal, y no ha encontrado que eso fuera una correcta aplicación de la Ley de Memoria Histórica, ese descubrimiento de José Luis Rodríguez Zapatero. Posiblemente, en el ánimo del Tribunal, haya pesado la posibilidad de que, por la misma razón, se pudieran quitar las calles, nombres de bibliotecas, y un centón de honores concedidos al Premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela, que también estuvo en las filas de los sublevados en la guerra civil, que comenzó hace casi ya 90 años.

Es más, nuestro gran ministro de Cultura hubiera tenido que hacer gestiones con la Academia de Estocolmo para aplicar el mismo castigo, con lo que España habría alcanzado una inusitada fama en los medios de comunicación de los cinco continentes. Por no hablar de Manuel Machado, que fue director de la Biblioteca Municipal de Madrid, durante la Dictadura, o del gran historiador Ramón Menéndez Pidal, que dirigió la Real Academia Española de la Lengua. A lo mejor, con la sentencia del TSJA, nos libramos de ejercer la ridícula venganza sobre los muertos.

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