José Teo Andrés
Esas cumbres repetitivas
Hace mucho tiempo, quizá desde el inicio, que las cumbres España-Portugal se resumen entre la nada y la constatación de que los dos países hermanos carecen de contenciosos, más allá de la irredenta Olivenza extremeña (aparece en la Constitución lusa). Pero también de ambiciones, así que se recrean en las palabras huecas. Sobre el AVE Vigo-Oporto no hay cumbre en la que no se hable de esta conexión, propuesta por Portugal como lógica prolongación de la línea entre sus dos ciudades. Al país vecino le interesa no solo contar con una salida hacia el Norte, que también, sino sobre todo disponer de un tren rápido para viajeros y mercancías, en especial para el puerto y el aeropuerto de Oporto, que quedarán a 50 minutos de Vigo. Pero el asunto no avanza por muchos motivos. Portugal está a lo suyo y va haciendo Lisboa-Oporto mientras España aprueba estudios e informes, con enorme retraso. En la “cimeira” se decidió que estaría en 2033. No se lo cree nadie. La Xunta apunta 2038. Con suerte, entre ambas fechas, pero no antes, quizá después. Y eso si hay compromiso político. Al Gobierno actual la línea Vigo-Oporto le da bastante igual, mientras apoya a tope el AVE de Madrid a Lisboa, que a los lusos no les entusiasma, pero que tiene a favor que la mayor parte de la inversión corre del lado hispano y goza del respaldo de la UE. Así que apuesto por que se hará y antes de 2038.
Y así discurrió la cumbre, entre buenas palabras y apretones de mano por ambas partes. Y nada más. Portugal y España podrían conformar estructuras comunes y avanzar en algo parecido a una integración ibérica, una especie de Benelux peninsular. Aunque me temo que en el país vecino han quedado escaldados tras el apagón hispano-luso, del que el Gobierno de Doc PS no sabe, no contesta.
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