Fernando Jáuregui
El Vaticano bien vale una misa
Pedro Sánchez es, para lo bueno y para lo malo, un hombre de suerte. Y que sabe aprovecharla. Ir a ver al Papa en estos momentos, cuando la polémica y oportuna encíclica 'Magnifica Humanitas' sigue acaparando los debates científicos, teológicos y sociales en todo el mundo, es una inmensa 'photo opportunity' en unos momentos especialmente bajos para el presidente del Gobierno de España y para el partido que lo sustenta: el 'caso Zapatero' está dañando de forma tremenda tanto a la formación gobernante como a su máximo responsable, por más que resulte probable que Sánchez nada tiene que ver directamente, excepto en lo que respecta a la 'negligencia in vigilando', con las tropelías de quienes han sido sus más estrechos colaboradores.
La oportunidad de encontrarse y fotografiarse en actitud cordial con León XIV es, desde luego, un regalo del cielo. Máxime cuando Sánchez sin duda dirá 'urbi et orbe' a quien quiera oírle que el Gobierno español comparte de la cruz a la raya el contenido de la encíclica, tanto por lo que se refiere a los peligros de la Inteligencia Artificial como a otros extremos, incluyendo las migraciones o la hostilidad hacia el concepto 'trumpista' de la 'guerra justa'. Y demostrará esta sintonía destacando que el Consejo de Ministros aprobó este martes un proyecto de ley regulando la utilización ética y responsable de la IA. Desde luego, me atrevería a decir que tan afortunada casualidad es seguramente algo no tan fortuito: sin duda, La Moncloa sabía desde hace semanas que el equipo del Pontífice Prevost preparaba la ya famosa y revolucionaria encíclica y actuó en consecuencia.
Personalmente, debo decir que, al margen del oportunismo que pueda haber en esta actuación del Gobierno español, me alegra la buena sintonía con una Iglesia con la que Sánchez sabe perfectamente que no conviene llevarse mal. Por supuesto, también soy consciente de que la visita de Prevost a Barcelona, Madrid y Canarias, a comienzos de junio va a ser sutilmente utilizada por la carpintería monclovita como un respaldo al menos a las tesis internacionales 'anti Trump' de Sánchez y a las nacionales en favor de la migración y del combate contra los 'tecnooligarcas'.
Por supuesto, tener como aliado, aunque no se explicite de este modo, a alguien como el Papa de Roma, que cuenta con al menos 1.400 millones de fieles bautizados como seguidores incondicionales y quizá otros tantos como 'simpatizantes' de la doctrina social de la Iglesia, no es pequeña cosa. El Vaticano, transformando la frase célebre de Enrique IV de Francia, bien vale una misa. Cierto que luego vendrá todo lo que inevitablemente ha de venir: la comparecencia de Zapatero ante los jueces, el juicio contra el 'hermanísimo', los líos con Begoña Gómez, los coletazos de la sentencia de Abalos y Koldo, las ramificaciones del 'affaire' Cerdán... y nuevos reveses electorales en las municipales y las restantes autonómicas, suponiendo que Sánchez no adelante las generales.
Sí, el patio anda muy revuelto. Pero a ver quién le quita a Sánchez la foto reverenciosa con quien ahora es, de lejos, el hombre más importante del mundo. Y ese hombre se llama Robert Francis Prevost, a quien Sánchez visita este martes en Roma para preparar el viaje papal a España, en el que, claro, el presidente español, con el Rey, será el principal anfitrión. Ahí es nada andar del brazo del Papa por las calles de una España ansiosa de espectáculo, de cosas nuevas y de nuevos discursos que nada tengan que ver con lo que tenemos, tan cansino.
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