Fermín Bocos
Legislatura muerta
Esa bola de nieve que desciende sin tregua por la ladera, ese alud imparable que destruye todo lo que asoma a su paso y que se llama Zapatero, acabará sepultando cada uno de los pueblos del valle y condenando a los que en él habitan y han osado tenderle alguna vez la mano. Las noticias que se van desfragmentando del auto firmado por José Luis Calama, titular del Juzgado nº 4 de la Audiencia Nacional, son cada vez más alarmantes, si bien hasta el día 2 de junio no podernos saber nada en firme aunque muchos entendidos sospechan que las siguientes imputaciones recaerán sobre su esposa y su dos hijas.
La reflexión que un ciudadano corriente, discreto en luces y relativamente ilustrado como yo mismo se formula a la vista de este sorprendente episodio, tiene que ver con la propia materia de la que se suponía estaba hecho Zapatero, un político sin experiencia y con suerte, que ascendió a los cielos precisamente por esa condición, tras la caída de Felipe y el paso manso de Almunia. Zapatero cautivaba precisamente por su aire bobalicón, por su aparente ternura, por su expresión soñadora. Una especie de rey pasmado que subyugó por su supuesta generosidad y su entrega a cambio de nada. “Bambi” lo llamaron unos, “político naif” lo llamaron otros. Alto, desgarbado, ligeramente cargado de hombros, con los ojos muy azules puestos más allá de la línea del horizonte, José Luis era el pastor de nubes que no se entera de nada pero que es generoso y apuesta por los demás antes que por uno mismo y los artistas de la ceja le rindieron pleitesía por ello, aunque uno no sabe qué estarán pensando ahora.
En alguna boya de su regata, a Zapatero le trasluchó la botavara. Casado con una mujer discreta y dulce con la que compone al parecer un matrimonio modélico, con dos hijas que la familia se ocupó de esconder todo lo posible, las hijas están metidas hasta el cuello en la trama que se investiga, y su mujer ha desaparecido prudentemente del circuito. Zapatero no necesitaba esto ni concuerda con aquella personalidad su actual ansia por ganar mucho dinero sin importar cómo hacerlo. ¿En qué parte del camino y por qué Bambi se convirtió en Luis Candelas? Algún día lo sabremos.
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