Fernando Jáuregui
Por qué ir a la manifestación (¿y por qué no?)
El presidente Sánchez ha iniciado el curso político acudiendo a la SER para reivindicar su derecho a tener vacaciones, una declaración de intenciones evidente para trasladar a la población el perfil que le va a acompañar en este ciclo que comienza y que mixturó con otros argumentos, como el hecho supuesto de que la misma oposición que le niega el derecho al asueto cuestiona su legitimidad como presidente inspirándose en el hecho de obtener el cargo tras la victoria sorprendente habida en una moción de censura, y la realidad contante y sonante que recuerda que no ha ganado ni una sola de las elecciones a las que se ha enfrentado para renovar sus mandatos. El presidente expuso esa aparente duda de la oposición sobre su derecho a la presidencia sin otra reflexión. Es un presidente constitucional, ocupa el cargo con todos los derechos y sobre ello no hay debate. Tiene razón y no hay más que hablar.
Sin embargo, el derecho a las vacaciones y su sorprendente retirada de una de las situaciones más graves padecidas por el país en tiempo de paz, si puede ser sometida a debate y puede naturalmente cuestionarse porque el periodo de vacaciones es un periodo sagrado para cualquier profesor de instituto o funcionario municipal, pero rechina cuando ese derecho se aplica al presidente de la nación en momentos tan extremos como el que se está viviendo en Ceuta y cuya gestión, con un Ejecutivo sin cabeza y sin la más mínima coordinación, se ha aplicado de un modo deprimente. Hasta el punto de que la crisis se agrava cada día, su gestión está paralizada por falta de medios, el análisis ponderado de los hechos que la han propiciado sigue en el limbo, y las decisiones tomadas en los momentos posteriores han sido tan torpes que no solo no han arreglado nada sino que lo han puesto todo perdido si es que se ha tomado alguna. Para colmo, los ministros que han tomado la palabra han vejado y ultrajado a la población ceutí, no la han defendido como debe defenderse, han descargado de culpa a sus verdaderos responsables, y el mando único –el ministro más inútil de todos- ha tenido que recular en sus primeras decisiones. Las vacaciones del jefe de Gobierno podrían haberse aplazado en aras de una actuación serena y decente. Un presidente de Gobierno no es un currito cualquiera.
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