¿Un tercer mandato para Trump?

Publicado: 29 nov 2025 - 02:30
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La vigencia de la limitación de mandatos en los sistemas presidencialistas resulta esencial para su salud democrática, ya que el poder concentrado en la figura del presidente es muy superior al de los sistemas parlamentaristas. En el caso de los Estados Unidos, los pesos y contrapesos diseñados por los fundadores se complementaron más tarde con normas explícitas que previenen la concentración prolongada del poder en una sola persona. Se considera que dos mandatos son el máximo razonable. Esa convención, que viene de George Washington, fue formalizada en 1951 mediante la Vigésima Segunda Enmienda, en virtud de la cual “ninguna persona será elegida para el cargo de Presidente más de dos veces”. La motivación es impedir que un jefe de Estado pueda perpetuarse, erosionar la responsabilidad democrática o transformar el cargo en un gobierno personalista. Son tan amplias las facultades ejecutivas que la rotación es una garantía contra el autoritarismo, y también un estímulo a la rendición de cuentas. En este contexto, ¿podría Donald Trump aspirar en 2028 a un tercer mandato presidencial? Él ya lo ha descartado pero las especulaciones siguen proliferando y el movimiento MAGA, con el polémico Steve Bannon a la cabeza, asegura que se va a intentar e incluso que se va a conseguir. La plataforma Third Term Project está concitando mucho apoyo y lleva una corona discretamente situada en su logo. Hay mucho de monárquico en esa visión, a la que responde la oposición con mítines precisamente denominados “No Kings”, recordando que el mismo origen de los Estados Unidos es una reacción al absolutismo.

Desde el punto de vista jurídico-constitucional, el tercer mandato es una pirueta de alta acrobacia. Veamos las principales estrategias que los MAGA estarían contemplando.

Primera estrategia: presentarse directamente como candidato a presidente en 2028 y forzar al Tribunal Supremo (de mayoría pro-Trump) a admitir ese acto jurídico con excusas como el supuesto robo de la elección de 2020. Pero la 22ª Enmienda es taxativa. Los comentaristas legales coinciden en que sin reforma constitucional es inviable.

Segunda estrategia: ser candidato a Vicepresidente, dimitiendo a continuación el presidente electo y permitiendo que él asuma la presidencia. Sería un “truco” para esquivar la enmienda, dado que ésta se refiere a ser elegido presidente, no necesariamente a asumir el cargo por sucesión. Pero hay dos barreras constitucionales. En primer lugar, la Duodécima Enmienda establece que “ninguna persona que sea constitucionalmente inelegible para el cargo de Presidente será elegible para el de Vicepresidente”. Resulta obvio que si Trump es inelegible para la presidencia también lo es para la vicepresidencia. Y en segundo lugar, la interpretación dominante ve la 22ª Enmienda como un freno efectivo a esa artimaña. Por lo tanto, esta segunda estrategia también es jurídicamente endeble.

Tercera estrategia: aspirar a la presidencia de la Cámara de Representantes y, una vez elegido, provocar la dimisión de un Presidente y un Vicepresidente que habrían sido públicamente instrumentales para mantener en realidad a Trump en el poder. Es decir, hacer que Trump sea tercero en la línea de sucesión para luego provocar esa sucesión. El consenso de los juristas es nuevamente claro: también en ese caso la sucesión sería antijurídica, debiéndose pasar a la cuarta persona en la línea de sucesión por ser inhábil la tercera.

Cuarta estrategia: reforma de la Constitución o declaración de un estado excepcional que prolongue la actual presidencia sin siquiera celebrar elecciones. Los MAGA se sienten tan confiados en su mayoría social que en algunos casos creen viable la reforma de la 22ª Enmienda, pero requeriría dos tercios de ambas Cámaras del Congreso y la ratificación de tres cuartas partes de los estados, y eso es en la práctica inviable. Y por otra parte, declarar un estado de excepción con el fin de prolongar el mandato supondría una alteración sustancial del pacto constitucional vigente, aboliendo la separación de poderes y el derecho al sufragio, y abrazando un marco de poder abiertamente autoritario. Y sin embargo, esta vía (la de la fuerza) es la única realmente posible, porque jurídica no hay ninguna. Es decir, Trump sólo puede quedarse en 2028 mediante un autogolpe.

Es evidente que ninguna de las cuatro estrategias con las que especulan los MAGA se sostiene. Habría que reventar la república norteamericana, pero eso no levanta muchas ampollas en una parte sustancial del movimiento MAGA. Por lo pronto, ya se habla abiertamente de desplegar a las Fuerzas Armadas en las calles y en los colegios electorales, y ya se está articulando, con la excusa de la inmigración ilegal, todo un nuevo cuerpo policial, el ICE, que actúa con extraordinaria prepotencia y responde únicamente a la voluntad de control social del inquilino de la Casa Blanca. No es descartable a estas alturas que los MAGA empujen a Trump por el camino de la autocracia abierta y clara. El deterioro institucional del país a manos de esa gente ya es muy acusado. Y para colmo… Mamdani.

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