Seguir en las Malvinas

Publicado: 29 ago 2026 - 00:00
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Opinión. | Atlántico

La flota en Malvinas se ha vuelto a encontrar con su peor pesadilla: por tercer año consecutivo, fin de la segunda campaña del calamar antes de que hubiera comenzado. Son 16 buques con base en Beiramar y bandera de conveniencia de Falkland que se encuentran ante una situación extrema: algunos podrán todavía faenar merluza y otras especies de interés comercial, pero en general será un desastre, otro más que se suma a varias operaciones muy lejos de los objetivos previstos. Malvinas no es una tontería ni para la flota ni para el puerto de Vigo: genera hasta 100.000 toneladas al año (en 2026 no llegarán a 40.000), unos 330 millones de euros para las empresas y más de un millar de empleos cualificados, en general bien pagados, como corresponde a un mar complicado en el frío Atlántico Sur y un trabajo de 24 horas durante tres meses. Muy duro, solo para los valientes, como en el caladero de NAFO, frente a Terranova, en el Atlántico Norte, donde la pesca del fletán se ha cobrado docenas de vidas y desencadenó un conflicto que llegó a ser militar con Canadá. Las pesqueras viguesas no quieren alzar la voz, pero como en el caso de NAFO, han decidido no abandonar y seguirán el año próximo en Malvinas, quizá con una sola campaña, la primera, a la espera de que los biólogos descubran qué pasa.

La pesca es clave para Vigo y exige esfuerzos, a veces renuncias. Curiosamente, se cumplen ahora 41 años de la captura de la última ballena por la flota española. Lo hizo un barco gallego de la empresa viguesa Massó, con factoría en Cangas, que capturó en octubre de 1985 un rorcual común hembra de 17 metros, apenas unas semanas antes del ingreso de España en la UE, entonces Comunidad Económica Europea. Y no por casualidad. En esas andan ahora en Islandia, donde debaten si les compensa entrar en la Unión Europea a cambio de renunciar al negocio ballenero.

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