Cómo Renfe y Adif me convirtieron en un problema de orden público

Publicado: 19 jun 2022 - 22:44 Actualizado: 19 jun 2022 - 22:44

Tres horas después de la no salida del tren que habías pagado religiosamente, dos después de que pasase de suspendido hasta nuevo aviso a suprimido, tres y media de conversaciones multitudinarias sin solución con las dos personas de Renfe y ADIF que dieron la cara ante medio millar de afectados sin más alteración que un par de cánticos megáfono incluido, llega el mando de la Policía Nacional y exige a gritos que desalojásemos la estación de Chamartín. Así me convertí el pasado sábado en un problema de orden público junto a otras 200 personas que aún esperábamos una solución por parte de Renfe al corte de la vía Madrid-Galicia a causa de los incendios en Zamora, un problema que se solventó ayer a las 10:30 horas al restablecerse el tráfico ferroviario habitual.

Sin solución. Estación de Chamartín, con deficiencias en la comunicación vía pantalla y megafonía. Con servicios de pago que sólo abren hasta las 23:00 horas. Un problema de orden público porque regresaba de vuelta el tren que ya había salido de Madrid previamente con los pasajeros engañados y recibidos no por un operativo especial de Renfe o ADIF, sino de la Policía. El problema de orden público ya éramos más. Sin levantar la voz, sin un solo altercado pese a los problemas personales de niños y mayores tirados en Madrid en plena ola de calor.

Sin solución. Con la única prioridad de que la gente se fuese cansando, como sucedió. Los 1.000 pasajeros, entre los dos trenes, nos quedamos en 100. Ya no nos pusieron a cada grupo en un extremo de la estación. Podíamos juntarnos y escucharnos. Con la amenaza de que a medianoche cerraba la estación. Entonces, sólo entonces, en que ya casi tocábamos a un policía o personal de seguridad por casa tres personas, entonces arbitraron un parche: hotel para quien los precise y Ubers para los que tenían dónde quedarse en Madrid. Eso sí, de recuperar el viaje, ni palabra. Ni por tren, completos ya los del domingo, ni por carretera, porque Renfe sostuvo siempre que Protección Civil no les permitía fletarlos por la amenaza del incendio.

Sin solución. Con autobuses y aviones de domingo, rápidamente copados, como única vía de retorno dominical. Y con el único consejo de reclamar después. Este enemigo público regresó volando. Renfe y ADIF dejaron la incidencia en manos de la Policía. Sin más. Ese gran tren rápido que nos iba a conectar con el mundo nos convirtió a unos centenares de viajeros en un problema de orden público y nos obligó a un dispendio económico sin garantía alguna de recuperación. El incendio y el corte de la vía no fue culpa de Renfe y ADIF. El resto, sí.

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