Huelga de médicos
Los médicos, especialmente los de familia que conforman el primer escalón en la cadena de salud, han acabado tomando la decisión que menos les satisface por su compromiso con la profesión y sus propias creencias, y han ido a la huelga ante la imposibilidad de que sus justas reivindicaciones sean atendidas por unos gobernantes que se empeñan en mantener una situación laboral y humana absolutamente injusta para quienes velan por todos nosotros y son protagonistas de una actividad absolutamente ejemplar. En realidad, este catálogo de peticiones que el ministerio se ha empeñado en despreciar no solo podría contribuir a una sensible mejoría en sus condiciones de trabajo y el reconocimiento de una condición que necesita un especial cuidado y un trato mucho más favorable y delicado que el que en estas horas padece, sino que en el fondo redundaría en una mejor atención al paciente y un ascenso en la calidad general de la práctica pública médica de la que nos beneficiaríamos todos, médicos y pacientes.
La atención sanitaria pública y los profesionales que la desempeñan conforman un todo del que, en líneas generales y salvo hechos aislados, podemos sentirnos legítimamente orgullosos. Por eso debería tratarse desde las esferas gubernativas con el cuidado que necesita un sector al que debemos permanente agradecimiento. La paradoja es, sin embargo, que un país cuyo sistema de asistencia sanitaria es tenido como uno de los mejores y que muchos países desean copiar como garantía de excelencia, se queda sin personal por las cada vez más deterioradas e injustas condiciones de trabajo. Hay personal sanitario español ejerciendo su trabajo en todos los países de la Europa comunitaria y Gran Bretaña, y disfrutando de un tratamiento acorde con la trascendencia de su actividad, mientras que en nuestro país la carencia de profesionales de la sanidad se ha tornado alarmante porque huyen buscando en otros territorios las mejores condiciones profesionales y salariales que aquí se les niegan. Lo más lamentable sin embargo de esta situación lamentable es que la ministra del ramo, la anestesióloga Mónica García, estaba hace unos años en la calle protestando airadamente por aquello que hoy, desde su despacho, ha decidido no atender.
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