Fernando Jáuregui
Por qué ir a la manifestación (¿y por qué no?)
Hay que volver a recordarlo, porque ya es habitual: Sánchez miente. Sabemos que miente y él sabe que sabemos que miente. Esto que se llama el cinismo orgánico forma parte de su ser como una herramienta fundamental. ¡Con qué desvergüenza y descaro dice que él también merece irse de vacaciones, al margen de la situación del país! El no tuvo ninguna responsabilidad en el deterioro de la paz civil en Ceuta, por ni prever ni reaccionar a tiempo. Fue algo inesperado, imprevisible, aunque lo dejó correr a ver si se resolvía solo y esperé un mes para anunciar que iba a hacer algo efectivo. No nos aclaró si su ministra de Defensa, señora Robles dijo la verdad, o si la dijo Marlaska. Y ahora ya no fueron las mafias las que organizaron el asalto a Ceuta, sino Rusia, Israel y organizaciones de extrema derecha. Sus alabanzas a Marruecos resultaron patéticas. Hasta uno de sus socios considera que, con respecto a Mohamed VI padece “el sindrome de Estocolmo”. Se trata de una respuesta psicológica en la que una víctima desarrolla vínculos afectivos o sentimientos positivos hacia su captor o agresor.
Mohamed VI, con este admirador y aliado no tiene más que esperar. Primero porque sabe que al frente del Estado hay un Gobierno débil dirigido por un sujeto que, por las profundas razones que sea, tiene a mano. Se evidenció cuando en contra del propio programa electoral de lPSOE y sus principios del futuro que se quería para la que fuera una provincia española, decidió personalmente ponerse del lado de Marruecos y abandonar la deuda moral e histórica con el pueblo saharaui a su independencia y a expresarla en un referéndum y no convertirse en un territorio anexionado a Marruecos.
Pero aparte de todo esto, ¿es que nadie se puede creer que Marruecos, que oficialmente reclama la recuperación de Ceuta y Melilla es un aliado leal? ¿Es que nadie se puede creer que desde distintos puntos del país el mismo día y a la misma hora se pone en marcha una masa de 80.000 personas para ocupar Ceuta, sin que del otro lado nadie lo supiera y organizara, porque lo disponen las mafias de la emigración y los servicios de inteligencia españoles no se enteraron ni midieron el alcance de la amenaza? Pues, no, insistamos, la nueva versión es que todo fue una manipulación de Israel, Rusia y la extrema derecha internacional.
Sánchez no convence a nadie, ni siquiera a los que lo sostienen en la Moncloa. Hasta la prensa gubernamental tiene que reconocerlo. El portavoz de Compromís, Alberto Ibáñez, del grupo Sumar en el Congreso dice que, Pedro Sánchez “debe superar su síndrome de Estocolmo con el rey de Marruecos”. Ante la afirmación de Sánchez de que no existe “ninguna información” que apunte a la “participación de una u otra forma” de las autoridades marroquíes en la crisis migratoria, Ibáñez replica que “no es en absoluto creíble”. Tampoco lo ha creído el coordinador federal de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, ni la co-cordinadora de Sunar Begoña Diaz que acusa a Sánchez de “falta de empatía” con Ceuta y ha criticado la posición del Gobierno y del presidente respecto a la implicación de Rabat. Pero si hasta Oriol Junqueras, de ERC dice que tampoco se cree a Sánchez y el secretario de Organización de Podemos, Pablo Fernández, acusa al Gobierno de mostrar “sumisión a Marruecos”, cuando, a su juicio, debería romper temporalmente relaciones con ese país.
Y olvidándose de que es Ceuta y su futuro, y la vida cotidiana de los españoles de allí, cambia su discurso y el tono de sus preocupaciones y se orienta hacia otro asunto. Resulta que su principal preocupación es ahora que Junts per Catalunya rompiera relaciones con el PSOE y que, por lo tanto, no tenga ningún tipo de contacto con Carles Puigdemont. O sea, que a Sánchez le preocupan las decisiones que imponga desde Bruselas el fugado amnistiado. Y en el colmo del cinismo dice: "Lo lamento porque los contactos son necesarios para sacar políticas importantes para Catalunya y España; y no me refiero únicamente a la vivienda, sino también a la inmigración, a la financiación autonómica o la condonación de la deuda".
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