Manuel Orío
De susto en susto
La condena al Fiscal General del Estado Álvaro García Ortiz no ha sentado bien en La Moncloa, porque confirma que todavía rige en España la separación de poderes, lo que ha vuelto inútil la feroz campaña de Sánchez en defensa de la inocencia de su fiscal con la que pretendía amedrentar a los jueces y, tal vez, condicionar de algún modo el fallo.
Tras conocerse la sentencia, Sánchez activó un medido plan de contraataque con el insólito objetivo de desprestigiar la independencia del Tribunal Supremo español. Nada quedó al albur de la improvisación: primero los ministros socialistas se mostraron prudentes con el fallo, mientras los socios de Sánchez en el Gobierno realizaban durísimas críticas a los jueces del Supremo, hasta tal punto que la vicepresidenta y ministra de Trabajo Yolanda Díaz, en un ejercicio de irresponsabilidad sin precedentes en nuestra democracia, llamó a los españoles a movilizarse en las calles contra el fallo del Tribunal Supremo.
Al instante, RTVE, la Cadena Ser, y las terminales mediáticas habituales del sanchismo seguían la misma línea, llegando -a través de sus tertulianos- a afirmaciones tan graves como decir que el fallo era equivalente a un “golpe de Estado” o que la sentencia había sido dictada por Isabel Díaz Ayuso. Y entonces sí, horas después, con este colchón de opinión sincronizada como base, los ministros socialistas del Gobierno y el PSOE se sumaron a los furibundos ataques contra el Tribunal Supremo.
El orden de estas reacciones estuvo milimétricamente calculado, y hay quien sugiere que detrás de la campaña está una vez más la mano de Iván Redondo, que al igual que Paco Salazar -que dimitió el pasado julio tras las acusaciones de acoso sexual a trabajadoras de La Moncloa- acude ahora por enésima vez a la llamada desesperada de Sánchez como asesor externo, para tratar de salvar lo que queda de su imagen pública, y ganar algo de tiempo mientras piensa un plan para evitar la cada vez más difícilmente postergable dimisión.
El jueves, cuando aún estaba en llamas el asunto de García Ortiz, se produjo la vistilla de José Luis Ábalos y Koldo García en el Tribunal Supremo, que terminó con ellos durmiendo ya en la prisión de Soto del Real. En la antesala de la comparecencia ante el tribunal, la líder de Sumar volvía a ser la primera línea de defensa de Sánchez, tildando de “golfo” a Ábalos para desacreditar sus denuncias contra el Gobierno, mientras que los ministros socialistas y el propio Patxi López empleaban un tono más bajo y condescendiente, insinuando que las declaraciones del exministro sobre Sánchez son solo fruto de una suerte de desvarío de locura –“la gente se trastorna”- ante la gravedad de su horizonte judicial.
Conscientes de su probable entrada en prisión, ambos investigados acudieron al Tribunal Supremo habiendo dejado grabadas dos entrevistas, en El Mundo y Ok Diario respectivamente, que se harían públicas íntegramente si terminaban en la cárcel. Mientras Koldo aseguraba que el suegro de Sánchez aportó 100.000 euros a la campaña de las primarias de Sánchez -que el ex asesor distribuía entre simpatizantes e inmigrantes para que hicieran microdonaciones a su nombre-, Ábalos situaba en El Mundo a la mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, en el epicentro de algunas de las tramas de corrupción bajo investigación.
Horas antes de la comparecencia ante el Supremo, Ábalos había dado veracidad a la denuncia de Koldo, que aseguró esta semana que Sánchez pactó con Otegui el apoyo de Bildu a la moción de censura contra Rajoy en una reunión secreta en el País Vasco en mayo de 2018. Sánchez había desmentido a Koldo tan solo unas horas antes desde Angola: “Eso es mentira”.
En ambos casos, el del fiscal y el ingreso en prisión de Ábalos, resulta sorprendente que la mayor beligerancia en las declaraciones que intentan exculpar a Sánchez y desacreditar a los jueces venga de mano de la líder de Sumar, que a priori no tendría por qué implicarse en asuntos que afectan más bien al sector socialista del Gobierno. Yolanda Díaz ha decidido quemar las naves en defensa de Sánchez consciente de que la mayoría de las encuestas certifican el total hundimiento de su partido y, por tanto, la imposibilidad de volver a ocupar un papel relevante cuando esta legislatura termine, por lo que, junto a un Podemos electoralmente residual, su único propósito es que sea lo más larga posible.
Sea como sea, en tan solo tres días, Sánchez, sus socios y sus medios afines han lanzado ataques, insidias y acusaciones desesperadas contra los jueces del Tribunal Supremo, los partidos de la oposición, los medios de comunicación díscolos, y sus propios ex colabores más cercanos, evidenciando que cada día está más solo y asediado por los escándalos y la corrupción, y solo quedan en su defensa aquellos cuyos cargos y sueldos aún dependen directamente de él.
Como hemos señalado en alguna ocasión, aferrarse ahora al cargo y prolongar la agonía no solo no librará a Pedro Sánchez de responder más tarde o más temprano ante la Justicia por aquellas cuestiones que deba hacerlo, sino que condena al país a una parálisis política y una incertidumbre de consecuencias imprevisibles para millones de españoles. También resulta sorprendente la cantidad de líderes políticos y profesionales de los medios públicos y privados que están manchando gravemente su propia imagen respaldando incondicionalmente la suicida huida hacia adelante del presidente del Gobierno.
Después de todo, los españoles difícilmente olvidarán que mientras unos convocaban una manifestación en Madrid contra los corruptos, otros desde el poder ejecutivo llamaban a manifestarse contra los jueces que los están investigando.
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