El manicomio eterno

Publicado: 03 mar 2026 - 05:34
Opinión.
Opinión. | Atlántico

La perversidad del mundo que se redibuja al final del primer cuarto del siglo nuevo, se muestra desnuda y explícita en las entrañas del conflicto de Irán, en el que un loco asesino disfrazado de santidad, capaz de condenar a muerte y matar a una joven compatriota por llevar el velo torcido o mostrar más carne de la que Alá tolera, ha saltado por los aires cuando otro perturbado, brincando sobre el mandato de la Constitución de su país y todas las leyes vigentes, le ha metido un obús en el comedor de su palacio donde, seguramente, estaba rezando mientras su policía islámica acababa con las protestas de los opositores a tiro limpio, matando a miles de habitantes de su país casi todos jóvenes, que aspiraban a verse libres. En la otra punta del mundo, Donald Trump no le ha pedido permiso a nadie para bombardear Teherán, ni ha solicitado la venia del Congreso ni ha consultado a sus socios europeos, ni ha respondido a ningún ataque directo de la aviación iraquí. Ha soltado sus bombarderos sin consensuarlo con nadie y probablemente, sin estudiar las consecuencias de un acto tan disparatado que acaba de plantar la semilla de una guerra atroz que compromete a todos los países del Golfo Pérsico y presenta al mundo un conflicto que afecta al resto de las naciones del planeta. Trump es un analfabeto iluminado e insensato que es lo peor que puede ser un líder mundial y Alí Jamenei era un diabólico jefe religioso represor y criminal capaz de proponer una carnicería en el nombre de Dios y llevarla a cabo en aras del fervor, la decencia y la salvación eterna. Estamos pues en mitad del patio de un gigantesco manicomio cuyas figuras principales e incluso sus actores secundarios convertirían a Hanibal Lecter en un trasunto de Santa Teresa de Jesús en sus instantes de más profundo tránsito.

Y mientras tanto, el mundo del cine se vuelca con Gaza y los horrores de una masacre pero olvida –o probablemente se desentiende- de los muertos que hay en casa y que están pidiendo a gritos que se les haga justicia y se les preste un mínimo de atención. Nadie habló ni defendió ni se interesó en ese acto siempre tan destacado por sus mensajes, por las familias de las víctimas del accidente de Adamuz de las que ya nos estamos olvidando.

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