Los riesgos para el futuro del PSOE con Sánchez

Publicado: 08 ago 2026 - 02:15
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Por encima de las miserias cotidianas, en el marco general de las contradicciones del PSOE emerge por primera vez la pregunta sobre el futuro de este partido si Sánchez sigue a su frente o como la dejará para el futuro a su sucesor. Y se compara el caso de Sánchez con el de otros dirigentes semejantes que dejaron a sus partidos condenados a desaparecer, como fue el caso francés y sobre todo italiano. El PSOE sufre un determinado desgasta ideológico por el modo en que se contradice su programa electoral, sus documentos esenciales y su Código ético para permitir los indultos generalizados y otros aspectos que no concuerdan precisamente con los actos atribuidos a Zapatero.

Al PSOE de Sánchez lo daña el desgaste de alianzas con sus variados socios, pese a las cesiones progresivas al nacionalismo, como en el caso de la financiación autonómica que ha levantado una oleada de indignación dentro del propio partido. Y para mantener esas alianzas o apoyo, ya lo hemos visto, Sánchez no tiene límites. Por eso, no es nada disparatado decir que el partido de Sánchez ya no es el PSOE que conocíamos, sino una organización que sigue usando sus siglas.

Francisco Castañares, exdirector de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura y uno de los 38 exdirigentes socialistas firmantes de una carta que exigía la dimisión de Pedro Sánchez, ha insistido en la urgencia de renovar el liderazgo del PSOE para evitar un colapso irreversible del partido. El propio desgasta en el ejercicio del poder fue determinante para la quiebra de los grandes partidos socialdemócratas europeos, al tiempo que aparecían nuevas opciones transversales que captaron el apoyo de las bases tradicionales de dichas formaciones. Cierto que en España tiene este fenómeno sus propios perfiles que alimentan el rechazo de amplios sectores de la sociedad a las políticas y cesiones de Sánchez para mantener sus apoyos en determinados territorios, aparte de la controversia sobre la política migratoria o la extensión generalizada de la ciudadanía con claros objetivos marcados a beneficio propio. Y como un añadido, cuyos perjuicios ya se empiezan a apreciar, está el asunto de las cesiones en el caso de Gibraltar, desaprovechando una ocasión histórica a favor de la reclamación española.

Estos días en que se amplía la extensión de la amnistía que Puigedemont impuso a Sánchez para mantenerlo en la Moncloa, vuelven a circular en los medios valiosos documentos audiovisuales como la entrevista en la que Pedro Sánchez manifiesta a Risto Meijide que él es contrario a que un político indulte a otro. Habla con seguridad, con rotundidad, con autoridad moral. Y no sólo sigue extendiendo la impunidad a los actos derivados del procès y a los personajes afectados que no quedaron incluidos en la gracia plena. Llama la atención que, al tiempo, uno lee densos análisis sobre sus actos y acción de Gobierno en los que se prescinde de todo análisis moral o simplemente decente de sus actos. Como si nada.

Pero en esa deriva del sanchismo, estos días vuelve a sobrepasarse todo límite, al indultar a la independentista Laura Borras por un delito común de corrupción. Pero el fenómeno ya no es Sánchez, ni sus palabras. Es un fenómeno que nos rebasa a todos, la instalación del cinismo orgánico. En esa memoria colectiva quedan momentos solemnes, como cuando quería desplazar a Rajoy y pregonaba aquello de que sin presupuestos no se puede gobernar y hay devolver la voz a los ciudadanos. Esto es que no se aplica sus propias reglas y por qué lo reclamaba para otros en su caso no rige para él. Más que nunca, al final de esa entrevista y el rostro de Sánchez, hay que volver a lo que dijo Quintiliano “Mendacem memorem essse oportet”, o sea, “Al mentiroso le es forzoso tener buena memoria”.

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