Fernando Ramos
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El Puerto de Vigo manejará hasta 2029 un presupuesto para inversiones de cerca de 200 millones de euros, que tratará de ejecutar al 100 por cien. La Autoridad Portuaria (APV) debe ser un puesto de gestión y eso se ha notado y mucho con el actual presidente, Carlos Botana, que es funcionario de la institución, que conoce perfectamente. En el pasado la presidencia del Puerto se convirtió en un trampolín por el que pasaron varios aspirantes a alcaldes, para quienes la APV no era un fin, sino un medio hacia otras metas.
El buen funcionamiento del Puerto vigués es al mismo tiempo la garantía de confianza para las empresas y el termómetro de la economía local, comarcal e incluso gallega. Si el Puerto va mal es que Vigo va mal. El año pasado se superó el récord histórico de toneladas y en este ejercicio las cifras son similares, en unos 5,5 millones de toneladas. El horizonte es alcanzar los seis millones, un éxito como puerto de mercancías especializadas, de alto valor, como contenedores y coches.
La APV tendrá 200 millones aunque la práctica totalidad se genera por la propia terminal, que no cuenta con ayuda exterior o mucho más reducida que Coruña, que como puerto nodal tiene acceso a subvenciones europeas, y donde está en marcha la línea del ferrocarril al puerto exterior. ¿Y Vigo? Su planificación pasa por terminar el tren directo desde Guixar a la Plisan, donde podrá establecerse una terminal de contenedores vacíos que ayudará a liberar espacio en primera línea, y comenzar en 2026 con el segundo silo en Bouzas, que ampliará la capacidad para exportar e importar coches. Queda pendiente la mejora de la capacidad de atraque. Y conseguir ser puerto nodal de la UE. Importa, y mucho.
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