José Teo Andrés
Los dos problemas
Si tengo que resumir cuáles son los principales problemas de Vigo lo reduciría a dos, la escasa colaboración entre instituciones de distinto color, y la demografía ultra negativa.
Sobre lo primero, decir que se trata de un fenómeno muy local, que no se da ni mucho menos en el resto de ciudades gallegas, donde hay más acuerdos que controversias. Y así nos va. Una de las excepciones es el Consorcio Casco Vello, integrado de forma permanente por Concello y Xunta, que ha tenido éxito gracias a su mantenimiento en el tiempo más allá del color de uno y otro lado, con 20 años ya de trabajo visible en todo el casco antiguo, que ayer se celebraron precisamente con el alcalde de Vigo y la conselleira de Vivenda. Que dure. Fue una feliz idea lanzada por Corina Porro como alcaldesa y recogida por Feijóo cuando solo era el 2 del último Gobierno de Fraga y que más tarde asumió y amplió Touriño y mantuvo el propio Feijóo ya como presidente. Y hasta hoy, todavía con mucho trabajo por delante, aunque cada vez menos. El reto, y ahora voy con el segundo, es conseguir que el Casco Vello, tanto el bajo como el alto, no se convierta en un museo, lo que ocurre en la mayoría de zonas históricas de las ciudades, que acaban engullidas por el turismo y sus propias limitaciones, convirtiéndose más en espacios para hacer fotos que lugares donde vivir.
Sobre lo segundo, hoy mismo cuenta este diario que Vigo envejece a más velocidad que el resto de territorios gallegos y que la perspectiva es que siga así en el futuro próximo. Si no fuera por los inmigrantes, Vigo ya estaría en graves problemas y para eso no hay más que echar un vistazo a su pirámide demográfica y la estructura poblacional, con 44.000 personas nacidas en el extranjero, frente a unos 15.000 vigueses nacidos en España menos que hace 20 años. Esto es lo que hay.
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