José Teo Andrés
Los dos problemas
El presidente Sánchez ha comparecido en público no para hablar del 'caso Zapatero', ni de cómo afectan a España las amenazas de Trump contra el país hermano Cuba, ni para referirse a tantos otros temas candentes que a tanta gente enfadan o angustian. No; Pedro Sánchez compareció en una base aérea para detallar los medios "ingentes" que España dedicará este verano a combatir los incendios. Claro, se refería a los incendios de manera literal, que metafóricamente las llamas nos abrasan por muchos otros conceptos, y esos son los incendios de cuya mención el presidente, claro, procura zafarse.
Vaya por delante que me alegra que la cuestión se aborde al máximo nivel -el presidencial- y con la máxima prioridad -el gasto se incrementará de modo notable-, porque los incendios constituyeron, a mi juicio, el principal problema que nos devastó el pasado verano: casi el uno por ciento de la superficie total de la nación se quemó, dejando a cincuenta mil (el cálculo es mío, porque no hay datos oficiales) personas afectadas de una u otra forma. Así que bien está lo que está bien y oportunamente tratado: quizá más importante que los aviones cisterna sea una política de imagen que convenza a los ciudadanos de la importancia de combatir estas catástrofes.
Porque hay dos principios que es necesario seguir: uno, que son los ciudadanos, los vecinos, los que mejor conocen las deficiencias y negligencias en la prevención de los incendios. Y dos, que estos se apagan en febrero (o, como mucho, en mayo), es decir, con la prevención más que con la represión. Anticipadamente y no ya cuando la tragedia se ha producido y es el turno de los bomberos.
Por razones personales, tengo una especial sensibilidad hacia los efectos devastadores de los incendios. Y me alegra que un Gobierno que no se caracteriza precisamente por ejercer, valga la redundancia, la gobernación, agarre el toro por los cuernos y sea el mismísimo presidente quien comparezca para detallar cómo se emprende este verano una lucha que cada año nos hace perder, además de alguna vida, miles de millones de euros.
Otra cosa es la metáfora a la que al comienzo me refería. Sánchez se escuda en la propaganda de sus acciones (y eso lo hace, hay que reconocerlo, muy bien), y trata de escabullirse de sus responsabilidades a la hora de prevenir, y apagar, los incendios morales que afectan a la sociedad, comenzando por su partido y por sus gentes de confianza. Escribo hoy desde un país en el que su presidente comparece, sin cortapisas, semanalmente en rueda de prensa ante los medios. El caso español comienza a ser una excepción clamorosa: Sánchez muy pocas veces da la cara a a la hora de abordar los asuntos más espinosos que puedan, directa o indirectamente, afectarle.
No, no basta con proclamar apresuradamente la "total" confianza en la inocencia de Zapatero, y lo digo por poner un ejemplo. Como no basta con proclamar lo difícil que es que un paraje se queme para evitarlo. De acuerdo: puede que las aguas se estén desbordando y que algunas acusaciones olviden la básica presunción de inocencia. Pero los silencios desde el poder no hacen sino favorecer las posiciones extremadas, que tan poco convienen a la convivencia nacional.
Es lo malo de los incendios, reales o metafóricos: que no solo queman los campos, sino que abrasan las conciencias. Pues claro, repito, que me alegra que, por fin, desde el Ejecutivo se aborde con decisión, mano firme y medios suficientes la amenaza del fuego físico. Pero no puedo más que lamentar que los otros fuegos, los morales, no se apaguen nunca, ni en febrero, ni en mayo, ni en agosto: el silencio, la opacidad es la gasolina para avivar estas llamas, aún más peligrosas que las otras. Pido a Sánchez que comparezca ya, como hubiese hecho casi cualquier otro gobernante demócrata en su caso, para hablar sin límites de todas esas cuestiones que están en los titulares de todos los medios, nacionales y extranjeros.
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