Antonio Casado
Adamuz: Ayuso se desmarca
El terrible accidente de tren de Córdoba y los sucesos relacionados con el tráfico ferroviario producidos casi paralelamente en Cataluña y otros puntos de la geografía nacional, no solo han inspirado un sentimiento de honda tristeza en el país sino que le están obligando a meditar muy seriamente sobre los motivos que han conducido a producir el abrupto despertar de un sueño. Hay sin duda un antes y un después, cuya frontera determina la tragedia de Adamuz, y este terrible suceso ha invitado a una gran parte de los españoles a hacerse preguntas. Todos nos las estamos haciendo desde el fatídico día, y muchos tenemos la secreta certidumbre de que la mayor parte no van a ser contestadas satisfactoriamente.
Esta necesidad de preguntar a los responsables políticos y administrativos sobre las carencias que han conducido a este desastre, implica también la necesidad de ampliar el horizonte del interrogatorio y elevar el tono en profundidad de las interpelaciones. Por ejemplo, la necesaria y nunca cumplida necesidad de reflexionar muy seriamente sobre la validez y la utilidad del sistema asumido desde la Constitución del 78 por el que se rige la España de las autonomías. Cuando sus redactores afrontaron la opción de la España autonómica construida sobre las llamadas autonomías históricas, tuvieron en cuenta muchos factores pero dejaron abierta de par en par la puerta. Casi medio siglo después, el planteamiento ha variado de tal modo que el escenario de actuación apenas tiene que ver con el sirvió para escenificar aquella primera, valiente y probablemente inmadura propuesta.
Hoy, el uso que se ha otorgado al marco en el que se desarrolla el reparto territorial no solo ha devaluado el espíritu de aquella primera propuesta, sino que lo ha malversado y lo ha convertido en un instrumento que se está manifestando acribillado de agujeros por los que se fugan las excelentes intenciones fundadoras. El estado se ha troceado sin la mínima previsión, el Gobierno y sus ministerios han perdido por completo sus competencias introduciendo la desigualdad y el desequilibrio, los repartos se llevan a cabo mediante criterios políticos y no solo ha perdido sentido la España institucional sino que la efectividad se resiente y los resultados no son buenos. Urge meditar sobre ello.
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