Fernando Ramos
Ataque a la soberanía de España en Ceuta y Estado de Sitio
Señor Cristo de la Victoria:
Hoy vengo ante ti llena de orgullo y de agradecimiento.
Agradecimiento a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Victoria, presidida por Marora Martín-Caloto, y a toda su junta directiva; de manera especial, a Carlos Borrás. Gracias también al Arzobispo Joan Enric Vivies, al obispo, Antonio José Valín Valdés; a don Luis; al alcalde de Vigo, Abel Caballero; a todas las autoridades que hoy nos acompañan; y a mi compañero José Enrique Pereira, que hoy cumple uno de sus sueños portando tu estandarte.
Gracias por elegirme como pregonera del Cristo, que representa la fe y la devoción de una ciudad que, cada año, se vuelca a tus pies. Una ciudad que nos deja estampas preciosas de cientos de miles de personas que procesan acompañándote.
Hoy, frente a todos y en voz alta, quiero agradecerte la oportunidad de presidir al Celta y al celtismo, elevándolo más allá del futbol, desde su cultura, su música, su lengua como un símbolo de identidad, que proyecta a Galicia por el mundo.
Gracias por darme valentía y luz para tomar decisiones en los momentos oscuros; y afouteza para actuar con determinación. Pregón del Santísimo Cristo de la Victoria Gracias por enviarme, a través de don Luis, aquellos mensajes de aliento en los difíciles comienzos, cuando más los necesitaba.
Gracias por hacerme entender, que así como la Iglesia representa la fe y devoción de su pueblo, el Celta representa el sentimiento de una comunidad entera que se une alrededor de su escudo, con la cruz de Santiago en el centro, de sus colores, celestes como el Cielo, y de su identidad Celta.
Como reflexionábamos juntos, el Arzobispo Joan Enrique, el párroco y junta directiva estos días, El Celta, como la fe y la Iglesia, pertenecen a su gente y los que dirigimos debemos de estar cerca y entenderlo.
Gracias, Santísimo Cristo, por concederme el privilegio y la ilusión de transmitir este sentimiento celeste a las siguientes generaciones, como lo hizo mi padre conmigo.
Y, sobre todo, gracias por mi familia: Te pido por todos ellos, por Miguel y por mis hijos, que me apoyan y me acompañan en este camino tan exigente. Ante ti y ante todos los presentes, reafirmo mi responsabilidad de trabajar sin descanso para sentar las bases de los próximos cien años del Celta.
Unas bases que van mucho más allá del fútbol. Nos comprometen, cada día, con la formación de los jóvenes canteranos y canteranas que pasan por nuestras manos Pregón del Santísimo Cristo de la Victoria soñando con llegar a ser profesionales. Nuestra función es formarlos como futbolistas; pero nuestra obligación es 2desde el orgullo de ser una de ellas: queremos ser un ejemplo para tantas niñas y mujeres que todavía encuentran barreras en su camino; ayudarlas a convertir la ilusión en ambición y a avanzar con decisión hacia sus sueños.
Por todo esto, para mí el Celta y el celtismo son una auténtica gracia divina: una fuerza capaz de tocar y transformar la vida de una comunidad entera.
Permíteme, Señor, seguir ayudando, ilusionando y construyendo un Celta cada vez más grande y más representativo de ese Vigo valiente, emprendedor y solidario, que siempre has protegido. Quiero terminar con una frase que pronunció mi padre hace once años y que, para mí, sigue expresando una hermosa verdad:
«Sin querer comparar, porque la divinidad es incomparable, no hay vigués que no quiera a su Cristo y no hay vigués que no quiera a su Celta».
Muchas gracias.
Marian Mouriño.
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