Fernando Jáuregui
Los nietos y sus puñeteros abuelos
Ese panorama nacional presente ofrece al mundo una visión insólita del centro de la capital de España, cuya puerta del Sol, retirados los del llamado sindicato de inquilinos, es ahora pasto de la presencia de la ultraizquierda más variada, que exhibe un muestrario de banderas, desde la palestina a la anarquista y se baña en la fuente de Carlos III con todos los utensilios de playa, porque simplemente ejercen el “derecho de reunión” que les otorga Francisco Martín Aguirre, delegado del Gobierno. La ocupación de este espacio público, el daño a su patrimonio, los problemas de higiene y urbanidad que afectan al transporte público, los efectos sobre el comercio, no tienen horizonte alguno, pese a la petición del alcalde y la comunidad autónoma de poner fin a esta ocupación.
Asunto éste contradictorio entre la realidad visible, lo que dicen los sindicatos policiales, el alcalde y la presidenta de la Comunidad. A los que se tilda de alarmistas, porque en la Puerta del Sol todo es paz armonía y medidas de preservación de la higiene. En este histórico lugar colisionan los derechos y lo que, pese a las críticas, pareciera un respaldo al Gobierno (como dijera la señora Montero, por la convocatoria de la huelga “¡contra la oposición!”), presenta otros matices tras la salida de los líderes del sindicato de Inquilinas. Ahora dominan el espacio treinta colectivos diversos, incluyendo organizaciones de apoyo a Palestina, anarquistas y contra sistema variado. Pero esta concentración afecta a la libertad de movimientos y al comercio y el sector hostelero del centro de Madrid, principal perjudicado.
Pese a la versión oficial del Gobierno, los sindicatos policiales dan otra versión de esa realidad, incluida la falta de planes orgánicos o directrices para actuar con eficacia, a partir de la situación actual. Señalan creciente presencia de miembros de la Coordinadora Juvenil Socialista (CJS). Este grupo ha adquirido especial protagonismo, por lo que la policía advierte que comparte sus estrategias con otras organizaciones como GKS, Samidoun y Extinction Rebellion, críticos con los partidos de la izquierda tradicional. El sindicato policial Jupol ha denunciado la falta de órdenes claras para gestionar los dispositivos durante las manifestaciones y la falta de planificación adecuada del orden público.
Decía Indro Montanelli sobre determinados episodios chocantes que se producían en su país que, en ocasiones, había que amortiguar la indignación con humor o ironía. Se refería a los valores normativos de las propias palabras que trascendían a su significado directo como si estallaran. Estos días, en España aparecen alguno de esos ejemplos. No es casualidad el rapapolvo que 18 países de la Unión le han echado a Sánchez por su política de regulaciones de inmigrantes ilegales y el propio episodio de Ceuta.
De ahí la paradoja, dentro de la cotidianidad nacional a la que asistimos: Que la más encendida rotunda apisonadora contra los fondos buitre esté matrimoniada con un gran tenedor, (no exento a las propias peripecias que la defensa de su propiedad con los usos legales ordinarios para ejercer su derecho al lanzamiento de inquilinos) es algo más que una paradoja. Porque la portavoz del PSOE Montse Míguez ha considerado que ponerla ante su propia contradicción es un ataque personal. Pero ha tenido un gesto que la honra al dimitir. Y por su faltaba un remate, viene el asunto de MUFACE, y resulta que el organismo que depende en última instancia del ministro Oscar López va un programa otro desahucio casi vecino del de la señora Maricarmen. Y ya se sabe que entre los arrendatarios de la mutualidad de funcionarios esta la sede de uno de los famosos prostíbulos del padre de la esposa del presidente del Gobierno.
Esto ha venido a animar un poco la campaña electoral de quienes, pese a todo, cuentan con Tezanos para adelantarnos, frente al resto de las encuestas, que deben de estar erradas, los resultados espectaculares frente a todas las peripecias negativas en curso, desde lo de Ceuta a la labor de Leire Díez en las escombreras de la indecencia. Y en esos de los valores normativos de las palabras ya sabemos que las próximas elecciones se van a reducir a una dialéctica bien simple: los nietos de los franquistas podrán votar mientras que a los de los demócratas y víctimas de la dictadura se les niega. Esta simple reducción de la historia es demasiado simplista para ser comentada. No tanto el declarado apoyo de la población marroquí en España con derecho a voto con quien Sánchez contaría, según vienen manifestando.
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