Jenaro Castro
El Trump español
Una tromba de agua se ha descargado sobre la Puerta del Sol de Madrid en la que el Oso abrazado al Madroño, contempla con gesto de alivio cómo los indignados quince años después, se preparan para levantar el campamento tras una campaña que ha acabado en humillante derrota. Claro que hoy, esa masa cada vez más desnaturalizada y entreverada de profesionales de la protesta, no está sola en su derrota porque el derrotado por excelencia es un presidente que tomó al vuelo el mensaje y, en lugar de asumir su cuota parte de responsabilidad y reconocer que su política de suelo y vivienda ha sido una vergüenza desde hace ocho años, se ha colocado a la cabeza de la protesta, ha tomado a Maricarmen como estandarte al estilo de Santa María de la Cabeza –era la madre del patrón San Isidro, se llamaba María y recibió ese nombre porque siempre salía en cabeza de las procesiones- y se ha puesto a incitar a los de la Puerta del Sol para que cercaran el Congreso y le salvaran la vida. Lo ha hecho utilizando todos los medios que son muchos, a su alcance. Las cadenas de radio y televisión pública, los periódicos afines, los ministro en la calle, el Congreso de los diputados… lo que hiciera falta.
Y sin embargo, ha perdido. No uno sino los dos decretos chapuza que apresuradamente se prepararon para tratar de salvarle la cara, han sido devueltos al corral por la derecha independentista catalán que lo ha mantenido hasta ahora chupándole la sangre hasta que, exangüe y comatoso, ya no puede dar nada. Lo ha dado todo, ha adelgazado el Estado hasta dejarlo en el hueso y ya no hay mucho más que ceder ahora que ha dado orden a Conde Pumpido para que arregle de una vez lo de la acusación de Puigdemont y le otorgue vía libre para el regreso. El prófugo volverá en unas semanas, será recibido en loor de multitudes, se asomará al balcón como hizo antaño antes de salir pitando en el maletero de un coche dejando a sus fieles a un paso de la cárcel, y se habrá coronado la obra. Sánchez está amortizado y ahora toca entenderse con otros y volver a morder en pescuezo no horadado. Sánchez calculaba otra cosa pero la verdad desnuda es cruel y persistente.
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