Ramón Pastrana
Identidad
Ahora que solo se habla (para mal, lógicamente) del tiempo, de la insólita paralización total del servicio de trenes como guinda (el accidente de Adamuz pesa en esta decisión) y del puerto con overbooking de buques refugiados en los muelles, recuerdo una de las peores ideas que se propusieron en Vigo: construir un puerto exterior, como el de Coruña o el de Ferrol. Hay que remontarse bastante atrás, precisamente al momento en que Paco Vázquez, jefe de Coruña, planteó desmontar el puerto herculino y trasladarlo a Punta Langosteira, en Arteixo, en una de las zonas más batidas por el mar de la costa gallega. Ya sabemos lo que ha pasado, y solo 20 años después, tras una inversión espectacular de al menos 360 millones de euros, comienza a funcionar la nueva terminal, aunque siempre con el riesgo de cierre por las condiciones adversas marítimas. Fue entonces, con el bipartito PSOE-BNG en la Xunta, cuando se planteó, por escrito en un documento oficial de trabajo, la posibilidad de desarrollar un puerto exterior para Vigo que se ubicaría en Santa María de Oia, en la costa entre Baiona y A Guarda, tan golpeada por el mar o más que Punta Langosteira. Semejante obra exigiría construir trenes, autopistas y sobre todo, enormes diques para mantener resguardados los buques, además de plataformas para el traslado de coches y contenedores. El asunto fue archivado y nunca más se supo. Porque la gran ventaja de Vigo es precisamente su puerto natural, quizá uno de los dos o tres mejores del mundo, protegido por las islas, abierto 24 horas y 365 días, con dos canales de entrada y salida seguros y profundos y con todas las instalaciones adecuadas en el centro, lo que agiliza los tráficos y reduce costes. Eso mismo es lo que va a hacer ahora Leixoes, ampliando donde ya está, pasando de la desembocadura del río a ocupar espacio frente al océano, lo que va a exigir una inversión de mil millones de euros.
Aquella idea absurda de llevar Vigo a Oia se la llevo el mismo viento que liquidó al bipartito en la Xunta, autor también de la paralización de toda la construcción a 500 metros de la costa para proteger el litoral de la presión urbanística, que es como prohibir el tráfico en las carreteras para que no haya accidentes…
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